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Editorial

La exacerbación de la ignominia social

No debe haber imagen que cuestione más a la humanidad que la de un niño durmiendo...

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12 de abril de 2022 - 02:10

No debe haber imagen que cuestione más a la humanidad que la de un niño durmiendo en la calle. Pero esa imagen profundamente dolorosa, para que en verdad sea capaz de interpelar, calar hondo en el espíritu de los hombres y mujeres de buena voluntad, debe reflexionarse. Es decir, la triste postal debe aparecerse ante los ojos con toda su potencia desgarradora, tiene que producir conmiseración y movilizar el ánimo para hacer algo: denunciar la injusticia que provoca esa tragedia social, por lo menos; o, mejor, transformar la realidad –o al menos intentarlo- y que eso no siga sucediendo, o suceda menos.

Pero la interpelación no siempre ocurre, porque las personas durmiendo en la calle, incluso si son niños, han pasado a formar parte, sobre todo en las grandes ciudades, del paisaje urbano. Son postales que, de tan repetidas, conducen al acostumbramiento: diluyen el dolor, licúan la angustia y de a poco, incluso, disuelven la santa indignación que la situación amerita.

El niño en situación de calle representa la exacerbación de la ignominia social, la prueba más cabal de la degradación humana y el sumun de la violación de los derechos de las infancias más elementales: el derecho a una vivienda digna, desde ya, pero también a la salud, a la educación, a la alimentación, a la protección, a la identidad, al juego, a la familia…

Como una manera de evitar el acostumbramiento y el camuflaje de la miseria entre la cotidianeidad del la vida ciudadana, un grupo de organizaciones han elegido un día, el 12 de abril, para conmemorar todos los años el Día Internacional de los Niños de la Calle.

Según los datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), existen 100 millones de niñas y niños abandonados en todo el mundo, de los cuales 40 millones pertenecen a América Latina. En la Argentina no hay estadísticas precisas, pero un relevamiento realizado solo en la Ciudad de Buenos Aires en 2019 estableció que había, entre un total de 7251 personas en situación de calle, 871 niños, niñas y adolescentes, y 40 mujeres embarazadas.

Son múltiples los abordajes que pueden realizarse para rescatar a las personas que viven en la calle, pero, como se trata de un fenómeno complejo en el que la falta de vivienda es el emergente más importante del problema pero no el único, la solución no puede ser unilateral.

Un avance importante en la Argentina fue la sanción de la Ley 27.654, sancionada a fines del año pasado. La norma busca garantizar en forma integral los derechos humanos de las personas en situación de calle y en riesgo a la situación de calle. Establece los derechos y garantías de esas personas, enumera los deberes del Estado para con este grupo, y define el perfil que deben tener los programas de política pública en el tema, entre otras cuestiones.

De todos modos, la norma es de reciente sanción e incipiente aplicación. Todo está aún por hacerse. La ley intenta actuar sobre las consecuencias de una realidad que se ha agravado en los últimos años. Pero la solución de fondo no es la aplicación de programas que morigeren el drama social, o dé algunas respuestas eficaces, aunque sean necesarios, sino la generación de un proyecto de país inclusivo que contenga a todos.

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