domingo 4 de diciembre de 2022

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Editorial

La escandalosa desigualdad

Las esperanzas que había al comienzo de la pandemia respecto de que el mundo iba a lograr...

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Las esperanzas que había al comienzo de la pandemia respecto de que el mundo iba a lograr transformaciones virtuosas a partir de la emergencia mundial causada por la irrupción mortal del Covid-19, se fueron desvaneciendo con el tiempo. El mundo hoy, dos años y medio después, claramente no es un mejor lugar para vivir.

La pandemia mostró, es cierto, espíritus solidarios dispuestos al sacrificio por el prójimo, muestras de capacidad de organización de la sociedad ante una amenaza inesperada, trabajo científico en colaboración, pero estos no fueron sino rasgos efímeros y muchas veces individuales. Estructuralmente no hubo cambios, o al menos no los hubo en un sentido positivo. Al contrario, se profundizaron expresiones autoritarias, segregacionistas, discriminadoras y, fundamentalmente, se incrementó enormemente la brecha de desigualdad.

Un informe de la Oxfam, una confederación internacional formada por 19 organizaciones no gubernamentales, que realizan labores humanitarias en 90 países, titulado “Cómo la Covid 19 ha provocado una explosión de las desigualdades”, revela información alarmante sobre esta tendencia. El estudio señala, por ejemplo, que la élite conformada por 2755 milmillonarios (es decir, personas que poseen en su patrimonio de mil millones de dólares o más) creció durante la pandemia más que en los últimos 14 años juntos.

El capitalismo en su actual etapa monopólica es una maquinaria que, sin la acción correctora de los Estados nacionales, tiende fuertemente a la concentración de la riqueza. Pero esa propensión ha escalado de manera extraordinaria desde 2020 hasta la fecha. El trabajo de Oxfam añade datos que escandalizan, como el que indica que 252 personas poseen más riqueza que los mil millones de mujeres y niñas de África, América latina y el Caribe.

El informe señala que el incremento de la desigualdad “es el resultado del fuerte aumento de los precios de los mercados de valores (el retroceso en este año apenas reduce en el margen las ganancias acumuladas), el apogeo de las entidades no reguladas y el auge del poder de los monopolios y la privatización, junto a la erosión de las normativas, las alícuotas impositivas a las personas físicas y las empresas, los derechos laborales y los salarios”.

Otros datos ofrecidos por Oxfam revelan que las desigualdades contribuyen actualmente a la muerte de cerca de 21.300 personas al día. Los países ricos son responsables del 92 por ciento del exceso de emisiones de carbono. El 1 por ciento más rico duplica las emisiones de carbono de la mitad más pobre de la población mundial.

Oxfam afirma “que las desigualdades extremas son una forma de violencia económica en la que las decisiones legislativas y políticas a nivel sistémico y estructural, diseñadas para favorecer a las personas más ricas y poderosas, perjudican directamente a la amplia mayoría de la población mundial y, especialmente, a las personas más pobres”.

Según la Organización Mundial de la Salud, la pandemia está a punto de finalizar. Pero la escandalosa desigualdad tiene más vigencia que nunca.

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