viernes 2 de diciembre de 2022

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Opinión

La economía contra la democracia

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El mercado de las figuritas. Las plazas porteñas están ocupadas por chicos, adolescentes y adultos que intercambian o venden figuritas del álbum de Qatar. El instructivo entretenimiento (siempre se aprende algo de geografía, dirán los pedagogos optimistas), parece una representación de la actual escena política.

Sobran figuritas que nadie o pocos desean y faltan las figuritas “difíciles”. Están las figuritas muy conocidas, cuya abundancia aleja su posibilidad de ser aceptadas en el trueque. Y están las menos conocidas, pero que son lindas, bien impresas y pueden tener futuro, como Lousteau, para dar un ejemplo. Están las figuritas que se conocen desde hace tiempo, como Larreta y Manes, y las que desde hace tiempo no parecían subir en la cotización, pese a esfuerzos constantes pero discretos, tipo las figuritas María Eugenia Vidal. Sin despertar mucho el mercado, se repiten las figuritas fáciles de encontrar mañana o pasado, como Macri.

También se buscan figuritas desconocidas que, de pronto, por escasez, agitan el intercambio. Hay figuritas de las que se sabe que no volverán a competir y se vuelven arcaicas, y figuritas que al principio gustan por su diseño pero que, pasado cierto tiempo y en las rondas finales de compra y venta, su cotización puede caer, como Milei. Hay álbumes de figuritas con el título de viejos partidos como la UCR o el PJ, cuyos dueños han aprendido que ya no se venden solo por el título del álbum sino por la figurita atractiva que incluya.

En fin, hay de todo, como en botica. Y todas las figuritas quieren que se las reconozca en la categoría de figuritas presidenciables. No escasean postulantes. Habría que preocuparse si no se avecina una escasez de votantes, en un clima donde la falta de información es una señal de alarma. El jueves pasado, por una avenida llena de gente con carteles, pregunté a muchos cuál era la razón de la marcha. Me contestaron la verdad: necesitamos comida. Las mujeres llevaban un círculo de cartón colgando de su pecho, donde podían leerse solo dos palabras: Pancitas vacías.

Qatar se acerca. Así que mejor será referirse a lo verdaderamente importante. Durante el Mundial del 78, multitudes colmaron las plazas argentinas y el presidente de la dictadura, Jorge Rafael Videla, pudo compartir el mismo aire que los hinchas entusiasmados, como lo registran las fotos en los archivos periodísticos. Sería un gesto de desmemoriado optimismo pensar que, si la Argentina obtiene algún título en Qatar, no será manchado por la sombra quienes, en 1978, mientras se festejaba en Plaza de Mayo y en la cancha de River, eran torturados o, simplemente, tirados para que se ahogaran en el Río de la Plata. Viví esos días que fueron, de verdad, repugnantes.

El Mundial de Qatar no pesará sobre nosotros con la misma responsabilidad moral. Y los políticos aprovecharán la oportunidad para contagiarse de la popularidad que tiene el fútbol. Doy un ejemplo. Jesús Escobar reparte hojas con su foto, su nombre y el de su partido Libres del Sur, una organización que podría pensar mejor su propaganda. De un lado del volante se lee una consigna que copio textualmente: “Cristina, Macri, Alberto fracasaron todos, hundieron el país. Necesitamos otra dirigencia política”. Del otro lado está impreso el fixture del próximo Mundial, para que usted lo vaya siguiendo y marcando. O sea que un dirigente muy poco conocido utiliza su plata de campaña para que los que reciben la hojita no se enteren, por lo menos, de una de sus ideas.

Por este camino de onda entusiasta, si no salimos campeones somos unos giles trampeados por el VAR.

Lo máximo. Mientras tanto, suena una alarma. Wado de Pedro nos hizo saber que todos los gobernadores manifestaron su apoyo para suspender o eliminar las PASO. Temen resultados adversos en sus distritos; responden a presiones del Ejecutivo nacional, que siempre puede amenazar con el retaceo de los ATN. Creen que no es momento de enfrentarse con lo que puede vestirse como ahorro presupuestario y mero golpecito en un sistema que estaba funcionando. Máximo Kirchner maneja la propuesta.

Los chicos crecen y, en cualquier momento, Máximo se convierte en nuestro Richelieu. Una vez más, una movida para resolver internas del kirchnerismo puede juntar la fuerza para manosear leyes.

Alberto Fernández no está de acuerdo. Es difícil saber cuánto vale su disidencia.

Beatriz Sarlo

Publicado en Perfil

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