Tras dos décadas de abandono, una emblemática casona renació como la Casa del Artesano. Un espacio en el que más de 30 emprendedores pueden ofrecer sus productos.
Cualquiera que haya transitado por las calles de La Merced recordará que, hasta hace no mucho tiempo, en la esquina de Ejército del Norte y Manuel Belgrano, frente a la plaza, descansaban dos construcciones históricas llevadas al abandono. Eso ahora cambió. En 2024, la Legislatura aprobó la ley de expropiación de estos inmuebles y convirtió a la tradicional Casona Figueroa en un innovador Centro Cultural. La propiedad de enfrente, de la misma familia, se convirtió en la Casa del Artesano.
Julisa Amador, directora de Producción y Desarrollo de la Municipalidad de Paclín, contó a Revista Express que la transformación de una casa abandonada a este nuevo lugar para artesanos y emprendedores de Paclín llevó seis meses de intenso trabajo de restauración.
"La obra estaba totalmente abandonada hace muchísimos años. Hace más de 20 años que estaba totalmente destruida", relató Amador. La propiedad guarda estrechos vínculos con los Figueroa, familia que prácticamente dio origen a la vida comercial de La Merced, y antes de su expropiación estaba a nombre de María Domitila Sautu Riestra de Urgelles.
El desafío de la obra fue conservar el alma del lugar, y darle una nueva oportunidad a una construcción histórica. Durante el proceso, se buscó recuperar los materiales originales: los pisos, las aberturas y esa fachada característica. Este rescate patrimonial se complementa con el Centro Cultural (la Casona Figueroa) y la nueva Terminal de La Merced, creando un corredor que ha revitalizado por completo esa zona. "Esas dos esquinas se veían muy tristes. Ahora verlas así tan lindas, todas iluminadas, le da otro aspecto, le da otro color a La Merced", explicó Amador.
Pero más allá de lo arquitectónico, el verdadero motor de la casa está en el interior. Desde su inauguración en septiembre pasado, el espacio se convirtió en la "casa común" de los artesanos y pequeños productores de todo el departamento. No es una simple feria; es un sistema de comercialización pensado para el emprendedor.
"La Casa del Artesano nace como un lugar de encuentro donde todo el trabajo manual y creativo de nuestros emprendedores ocupa el rol central", explicó Amador a Revista Express. Actualmente, son 31 los emprendedores que integran el registro y tienen allí su boca de expendio permanente.
La dinámica es sencilla y efectiva: el artesano deja sus productos debidamente detallados y con precio, y el personal de la casa se encarga de la venta y la atención al público. "Es una gran ayuda para ellos, porque lo único que tienen que hacer es dejar sus cosas. Las chicas siempre están en contacto y les van avisando qué se vende o qué no está saliendo tanto", detalla Julisa. Cada semana se realiza una rendición de cuentas, permitiendo que el artesano se concentre en hacer su trabajo.
La oferta es amplia: alfajores, nueces confitadas, gaznates y dulces caseros, bondiolas, salames de producción propia y cerveza artesanal, cerámica, cestería en chala y los reconocidos cuchillos de José Reinoso. La casa funciona todos los días: de 8 a 12 y de 17 a 21 horas. Los fines de semana el lugar adquiere un brillo especial con la Casa de Té, donde se ofrecen meriendas.
Mucho más que una feria
El proyecto fue concebido con una visión multifuncional. El edificio cuenta con una cocina equipada diseñada específicamente para talleres y capacitaciones. Desde el curso de "Pasteleritos" para los más chicos hasta charlas de gastronomía para adultos, la casa busca profesionalizar el talento local.
"No solamente promueve el desarrollo local, sino que también hace hincapié en rescatar tradiciones culturales que formaron parte de nuestra identidad y se fueron perdiendo", explicó la directora de Producción.
Historia de la casa
Esta casona de estilo arquitectónico neoclásico que data de la primera mitad del siglo XX fue propiedad de la familia Figueroa, que tenía su casona en la esquina de enfrente. Su historia se remonta a los orígenes de La Merced. Durante aquellos años, eran un punto de encuentro donde las autoridades nacionales, eclesiásticas, militares, políticas y vecinos que se acercaban con la misión de acompañar distintas actividades del emergente pueblo. Para tener dimensión del tiempo, la Casona Figueroa, propiedad de Wilfrido Figueroa, comenzó a construirse en 1878. Según algunos historiadores, la familia había adquirido la finca “La Merced” 18 años antes.