Cuando lo monstruoso anida en el corazón, se busca luz, las palabras se escurren en las cavidades, serpentean laberintos, dudas, incertidumbres, exploran el pasado, el dolor, el sufrimiento, el castigo que absuelve culpas. A veces encuentras la razón que habita en la oscuridad y la proyectas en tus sueños hasta que se hacen realidad.
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"La boca del infierno" de María Negroni y la fascinación por Bomarzo de Mujica Laínez
Por Rosario Andrada
El poemario “La Boca del Infierno” de María Negroni desata tempestades en un lenguaje crudo y misterioso, basado en la vida del duque Pier Francesco Orsini, relatado mágicamente por Manuel Mujica Laínez en su obra Bomarzo. Ella es la voz del duque: “…Yo el hombre quebradizo, el tenebroso, el viudo sin consuelo… he aquí un refugio: exhibir el daño, festejar, lo inhóspito del ser…”.
El refugio es sin duda, el lugar donde encuentra la paz y es precisamente, el Jardín de los Monstruos o Bosque Sacro, que dista a 90 km de la ciudad de Roma, en la provincia de Viterbo.
En ese bosque, transita la vida de Orsini. Negroni dice: “Mucho podrá decirse de mi cueva. Es aquí donde escribo, medito o paseo, donde ejerzo el inhumano derecho a disentir. Aquí, me instalo otra vez, cuando se enciende mi espesura, a dibujar mi autorretrato…aquí juego a existir…en una palabra, juego con la muerte…”
Se trata de poemas breves, intensos que reflejan el desconcierto, la confusa mirada de una infancia desolada, el vacío pleno de lo femenino como una boca más del infierno, o la belleza como un alivio o sufrimiento atroz.
El descenso al infierno que hace la poeta recuerda al Dante, cuando éste se encuentra perdido en un bosque oscuro, dice: “El infierno tiene muchas bocas: una de ellas es la letra confusa de mi vida que contiene el signo de mi propia muerte…De lejos, me pareció un templo, una hirviente humareda donde unas hienas miraban todo con fervor lascivo”.
En 1958 Mujica Laínez visita el Bosque Sacro, siendo seducido por la extrema belleza de lo monstruoso. Así, transforma al duque de Orsini en el narrador de su novela Bomarzo. Un personaje sombrío y conflictivo que canaliza su dolor, ante su desgarradora existencia. Padecía una deformidad física, era cojo y jorobado, lo cual lo convertía en un ser despreciable ante la sociedad y su familia. Orsini proyecta en un espejo sus miedos, sus fantasmas y crea el Parque de los Monstruos.
Dice Jorge Monteleone: “El duque Pier Francesco Orsini, percibió que las rocas de Bomarzo, rodeadas del espeso bosque mítico tenían una rara posibilidad, encerraban la materialización de sus sueños”. Entonces, hizo tallar las piedras y emergieron enormes figuras monstruosas, míticas. Imágenes que influyen según nuestro modo de interpretarlo (Gilbert Durand; La imaginación simbólica).
Aquí, lo simbólico libera a las imágenes de sus prisiones; hablan del miedo y de la luz que las acosa, se entregan al desmembrado río de las pasiones para jugar como la roca, a la eternidad.
La belleza de lo monstruoso se plasma en el poemario, “…Ciertas visiones posibles que podrían captar el grito humano. Tenebrosa hermosura que canta en los oídos, un poco pariente de Dios, como excrecencia de algo que olvidamos”.
Las imágenes de piedra del jardín de Bomarzo, representan también a bestiarios, es decir un mundo animal y mineral alegorizado. La fauna se antropogoliza, se convierte en vicios y virtudes humanas, al decir de Mario Agudo Villanueva. En este mundo sombrío, lo fantástico aparece como una alegoría, las criaturas fantásticas no son reales, son proyecciones de la mente humana.
Seleccioné dos fotos, en la gran cantidad de esculturas y fuentes; el Orco y Edquina. Orco personifica al inframundo y la muerte en la mitología romana, y su enorme boca abierta me recuerda a la imagen de gorgoneion que aparece en diferentes máscaras con rostro terrorífico, grandes ojos, de una embellecida medusa. Edquina, en la mitología griega, es una monstruosa ninfa con cuerpo de víbora.
“La boca del infierno” transita el mundo de la devastación, el olvido, el dolor, la infidelidad, en un lenguaje complejo, con fuertes metáforas que trascienden lo temporal. Es un viaje del alma entre espectros en búsqueda de la perpetuidad. Un libro de 43 poemas en prosa, en consonancia con el vasto imaginario de toda la obra de María Negroni, que en el libro “Pequeño Mundo Ilustrado”, dice: “El duque de Bomarzo es también un guardián del trasmundo. Su Sacro Bosco del Mostri, denota: una inquietud que se transmuta en pasión por los objetos; una destreza escenográfica que alhaja el abandono y un sueño helado que hace del destierro un refugio para el corazón penumbroso”.