lunes 27 de junio de 2022

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Editorial

La agenda verde

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31 de mayo de 2022 - 01:10

La agenda ambiental es, o debería ser, clave para todos los gobiernos. La crisis derivada del calentamiento global es argumento suficiente para que las políticas que se desplieguen sobre el territorio contemplen criterios vinculados al cuidado del medioambiente. En la Argentina, un país con un extenso territorio, la conservación de los bosques nativos es un presupuesto prioritario.

El proceso de deforestación, sobre todo en el norte argentino, aunque continúa, ha disminuido notablemente su ritmo desde que se sancionó la Ley de Bosques Nativos. Según estadísticas del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible publicadas en un informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, desde el 2007 hasta el 2014, el porcentaje de pérdida de bosque nativo respecto del total de bosque nativo remanente, disminuyó de 0,9% a 0,35%. Durante los años siguientes dicho porcentaje se mantuvo estable y en 2017 y 2018 aumentó a 0,38% y 0,42%, para luego bajar en los años siguientes. El motivo principal de los aumentos de 2017 y 2018 fue el impacto negativo de los incendios forestales.

En el último encuentro del Consejo Región Norte Grande, el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, Juan Cabandié, se comprometió a aumentar el presupuesto destinado a la preservación de los bosques nativos en las provincias. De cumplirse la promesa, se multiplicaría por diez respecto de los fondos destinados a ese fin el año pasado. Contar con los fondos suficientes es imprescindible para hacer cumplir lo establecido por la norma.

La expansión de la frontera agrícola en el norte del país es una amenaza para la conservación del monte natural. De modo que deben adoptarse buenas prácticas agrícolas que hagan compatibles la producción con el cuidado del entorno natural. Esas prácticas, cuya aplicación se viene incrementando progresivamente, consisten en modelos de gestión de territorio que permiten la integración de ambas variables en un contexto de sustentabilidad adaptado a las características de cada región.

El aporte de la ciencia para desarrollar prácticas agrícolas amigables con el planeta es significativo. Por eso, la agricultura sustentable o de conservación se preocupa, por ejemplo, por el stock de carbono de la vegetación nativa y los suelos cultivados; implementa proyectos de compensación de emisiones de carbono; evita la degradación de las tierras cultivadas y regenera aquellas que han sido afectadas, practica la siembra directa, los cultivos de cobertura y la rotación de cultivos; y avanza hacia un modelo de producción orgánica en función de las posibilidades que generan las nuevas tecnologías.

La agenda ambiental o agenda verde aplicada a la agricultura sustentable es clave porque permite compatibilizar el desarrollo productivo con la preservación del medioambiente y la conservación de bosques nativos. La articulación entre las áreas de gobierno con competencia en el tema resulta de suma importancia para garantizar estos procesos saludables para el entorno natural.n

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