La amenaza del grave riesgo a la integridad física de varios de los imputados, conforme a los hechos...
La amenaza del grave riesgo a la integridad física de varios de los imputados, conforme a los hechos violentos acontecidos, permite inferir el aumento del peligro de fuga de los mismos ante la sensación inminente de sufrir en su persona o familia un grave daño”. Al ordenar la detención de Edgar Adhemar Bacchiani, José Armando Blas, Franco Alexis Sarroca y Sofía Esther Aylan, el juez federal Miguel Ángel Contreras se ocupó se consignar la escalada de iracundia que los acreedores desarrollaron contra el “Trader God” y su línea ejecutiva tras el fin de semana extralargo de Semana Santa.
Un clima de pre-linchamiento que se aceleró cuando Bacchiani se internó por un supuesto pico de presión. Los inversores olfatearon una maniobra tendiente a continuar dilatando los pagos, eludir la acción de la justicia, eventualmente fugarse, y comenzaron a organizar manifestaciones frente a los domicilios de los involucrados con amenazas de tono creciente, pintadas e intensificación de los escraches.
La supuesta convalecencia de Bacchiani operó como una especie de clarín de guerra y la cosa comenzó a ponerse cada vez más pesada.
Horas después de la internación Blas, miembro de la línea ejecutiva de “Adhemar Capital”, tuvo que refugiarse en la sede de Criminalística de la Policía para escapar de la furia de un grupo de acreedores que lo perseguían. El hostigamiento continuó con manifestaciones frente a la flamante casa de estética “Zaraive”, de Celeste Zaraive Garcés Rusa, expareja de Bacchiani, de cuya inauguración participó la famosa Laurita Fernández. Otra movilización frente a la casa de otra pareja del “trader”, que espera un hijo de él. La proliferación de los focos obligó a movilizar efectivos policiales para proteger a los encartados y sus familias.
Tras las detenciones, Julio Jalil, el médico que revisó a los presos, afirmó las presunciones de que se había tratado de una puesta en escena con unas pintorescas declaraciones que fueron lo más comentado del día: “Para joder a la gente no tenía problemas cardíacos. Uno está en esto hace años y no les cree porque cuando entran acá recién se enferman, pero cuando tienen que joder a la gente no están enfermos”.
Los otro cuatro imputados de Adhemar Capital, Héctor Sagripanti Orellana, Pablo Antonio Sosa, Lucas Bernardo Barrera y María Lihue Banegas, esperarán la indagatoria en libertad.
La detención en Catamarca fue ordenada casi en simultáneo con la librada en Córdoba, jurisdicción que se negó a declinar la competencia sobre la causa, donde Bacchiani enfrenta cargos por estafas reiteradas. El “trader” no enteró la caución de 40 millones de pesos que se le había impuesto para dejarlo libre.
La jornada concluyó con el allanamiento de la sede local de “Adhemar Capital”, que es la casa matriz, ejecutado en forma conjunta.
Quedan por resolver las situaciones de otros cuatro denunciados: Edgardo Bulacios, de RT Inversiones; Oscar Rojo, de Callvu; Alejandro Sierra, de Stratton Sierra y Ru Inchausti, un cantante lírico que tuvo su momento de gloria en Catamarca y al parecer también captaba depósitos.
El expediente contra Bacchiani está abierto en Catamarca desde septiembre de 2020, cuando el fiscal Federal Santos Reynoso inició una investigación preliminar de oficio. Se conformó lentamente hasta que los estallidos judiciales en Tucumán y Córdoba, hacia donde el “Trader God” se extendió el año pasado, precipitaron los tiempos.
Los titulares de una sexta casa, la filial local de Generación Zoe, de Leonardo Cositorto, también fueron objeto de denuncias por supuestas estafas, pero la Justicia provincial tiró la causa de inmediato a la Federal y esta, a su vez, se deshizo de él y lo giró a Buenos Aires sin hacer mayores indagaciones.
La satisfacción de los acreedores por los avances mutó rápido al sinsabor. La gran pregunta sigue sin respuesta: ¿Dónde está la plata?