Hay algunos que se quieren mostrar como revolucionarios y aparecen recién ahora...
Hay algunos que se quieren mostrar como revolucionarios y aparecen recién ahora. Los trabajadores saben cuál es la representación del gremio, sabe que somos un gremio activo y que está todo el año en la calle. Estamos exigiéndole al Gobierno que nos reciba para discutir sobre la Salud. Hemos luchado mucho para que los trabajadores precarizados sean de planta, parece que deberemos seguir haciéndolo”.
Ricardo Arévalo, de ATE Salud, anunció cuatro días de paro y una movilización para el jueves, debido a que el Gobierno no los hace participar de las negociaciones por salarios y condiciones laborales.
A fines de la semana pasada, el abogado del gremio, Iván Sarquís, había advertido sobre el malestar provocado por esta exclusión.
“ATE tiene representación con ATE Salud y no fue convocado a la mesa de discusión salarial del personal de Salud. Eso nos tomó por sorpresa porque ATE venía trabajando en la mesa con el Ministerio de Trabajo respecto de algunos reclamos sectoriales puntuales en Salud, Fiscalía de Estado, etc. Pero mientras discutíamos las mejoras para el personal del Poder Ejecutivo, nos encontramos con la sorpresa de que al mismo tiempo había otra mesa con el personal de Salud que incluyó a autoconvocados, y a ATE no se lo informó”, dijo.
El letrado marcó al responsable de la ninguneada.
A ATE Salud, dijo, “no se lo sienta en la mesa por reclamos puntuales de Leonardo Burgos, de ATSA”.
La prestación del servicio de salud pública quedó de este modo a expensas de un litigio por la representación gremial, debido a que el Gobierno decidió tomar partido por Burgos. Decisión poco comprensible, por otro lado, pues Burgos no es capaz de procurar la pacificación del frente sanitario por mucho que menee la regularidad legal de ATSA.
Ocurre que el problema no es de legalidad, sino de legitimidad. La solvencia burocrática no alcanza a revertir la objeción de fondo de ATE Salud y los Autoconvocados del sector: Burgos y ATSA no los representan.
De tal modo el Gobierno, ya complicado por la proliferación de voceros de los reclamos, suma a sus dificultades para destrabar el conflicto el hecho de priorizar para el diálogo al interlocutor errado, hecho que quedó palmariamente en evidencia en la derrota que debió tragar con la reincorporación de los despedidos.
El Ministerio de Trabajo procedió a la baja de los contratos sin que el privilegiado Burgos le advirtiera las traumáticas consecuencias que semejante medida iba a tener con la controversia en ebullición. A falta de Burgos, fue el intendente de Tinogasta Sebastián Nóblega el que lo hizo de apuro, cuando ya la población de su distrito se le había alzado, solidaria con los despedidos. Y luego los diputados del propio oficialismo exigieron las reincorporaciones junto con la oposición.
Burgos y ATSA, de lo más panchos. Como si no le debieran un mango a nadie.
El sindicalista se limita a tratar de capitalizar políticamente los aumentos que otorga el Gobierno después de cada conflicto, conducta que el Gobierno le habilita sin obtener ningún beneficio político a cambio.
La participación del sanitarista es inocua en el mejor de los casos, nociva en el más grave, al dejar fuera de escena a los actores más dinámicos del sector.
No es extraño. Si se remonta la secuencia del conflicto, se advertirá que Burgos tiene al menos un mérito sobre otros referentes oficialistas. La ministra de Salud, directa implicada, brilla por su ausencia. Se llama Manuela Ávila, conviene recordar. Se ve que el protagonismo no es lo suyo.