sábado 24 de septiembre de 2022

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Editorial

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22 de septiembre de 2022 - 01:05

Ayer, al celebrarse el Día Mundial del Alzheimer, se conoció que en la Argentina padece esa enfermedad, la más frecuente de las demencias, más de medio millón de personas. Se trata de una patología gradual, crónica, neurodegenerativa, incurable y terminal. Se vincula, según la explicación científica, con la acumulación de sustancias tóxicas en el cerebro.

Los dos principales factores de riesgo son la edad y cuestiones genéticas-hereditarias. Por esa razón, está fuertemente instalada la idea de que no hay prácticamente nada para hacer en materia de prevención: a cierta edad y si hay una fuerte predisposición a padecer la enfermedad, ésta es muy posible que sobrevenga. Sin embargo, estudios científicos recientes indican que, por el contrario, sí hay estrategias preventivas que pueden desarrollarse. Criterios novedosos para la detección de la enfermedad de Alzheimer señalan que es posible arribar a un diagnóstico presuntivo entre 15 y 20 años antes de que comiencen los primeros síntomas clínicos, que consisten generalmente en la pérdida de la memoria.

Este descubrimiento es importante porque permite desarrollar con bastante antelación un tratamiento, basado en medicina de alta tecnología y distintas técnicas de atención primaria que permitirán, cuando la enfermedad se manifieste, una mayor sobrevida y una mejor calidad de vida.

Uno de los problemas es que, en la actualidad, tanto el costo de los estudios de detección como de la medicina de alta tecnología son muy altos, de modo que solo pueden acceder muy pocas personas de altos ingresos. Es probable y deseable también, que los avances científicos redunden en una baja de esos costos y que el Estado pueda garantizar los estudios y el tratamiento a los sectores de ingresos medios y bajos.

Otros factores de riesgo que sí pueden evitarse –no como en el caso de la edad o la predisposición genética- son la salud cardiovascular -hipertensión, diabetes, colesterol, tabaquismo, obesidad-, el sedentarismo, una dieta no saludable, déficit de estimulación cognitiva o de horas de sueño, el estrés y la depresión.

Los síntomas se agravan progresivamente: comienzan con dificultades para recordar información recién adquirida y luego aparecen otros, como problemas con el lenguaje y desorientación, hasta culminar, en la etapa más avanzada, con problemas para caminar y de deglución.

De todos modos, aun cuando la enfermedad ya ha sido diagnosticada, se puede demorar su agravamiento y mejorar la calidad de vida del paciente con ejercicios aeróbicos y redes de contención afectiva.

Aunque por ahora el Alzheimer sea una patología incurable, es importante recurrir a herramientas que ayuden a la persona que la padecen a mejorar su calidad de vida y a hacer más lenta la evolución de la enfermedad. También es importante que las personas del círculo afectivo más estrecho del paciente sepan cómo actuar para acompañarlo y no caer ellas mismas en problemas depresivos. Mientras tanto, la investigación científica avanza y es probable que en el futuro próximo se detecten tratamientos más eficaces y, probablemente, una cura para esta enfermedad.

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