Un reciente informe de la organización The Food Foundation sorprendió al señalar que, en los últimos meses, se incrementó en un 57 por ciento la cantidad de familias que en el Reino Unido reducen los alimentos o se saltean comidas por problemas económicos. La causa principal es la guerra entre Ucrania y Rusia, que ha generado la suba de precios de alimentos, gas y electricidad. El estudio añade que alrededor de 7 millones de adultos han reducido el tamaño de las porciones o han dejado alguna de las cuatro comidas del día porque no podían pagar u “obtener acceso a los alimentos”.
Si esto sucede en una nación que se encuentra entre las más desarrolladas del mundo, es fácil inferir lo que sucede en países subdesarrollados, en donde la inseguridad alimentaria es un fenómeno histórico. Existe inseguridad alimentaria cuando el hambre representa una amenaza inmediata para los medios de subsistencia y la vida de las personas.
El valor del informe de la fundación es que agrega nuevos datos sobre el impacto de la guerra. Pero incluso antes de la invasión rusa, y como consecuencia de la pandemia que la OMS declaró en marzo de 2020 y aún perdura, el hambre ha afectado a más personas en el mundo en este último período que, por ejemplo, en la década anterior.
Otro estudio publicado recientemente, pero que no recoge información de los últimos dos meses, el nuevo Informe Global sobre Crisis Alimentarias revela que 193 millones de personas de 53 países y territorios sufrieron inseguridad alimentaria aguda en 2021, y necesitan de asistencia urgente. El aumento respecto del año 2020 es de casi 40 millones de personas.
Los peores registros son de África, seguidos de algunos países asiáticos. Pero también se ha incrementado la inseguridad alimentaria en América Latina y el Caribe. Los datos más preocupantes son de Haití, Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua. En esos países, según el mencionado informe, un total de 12,7 millones de personas fueron clasificadas en estado de crisis alimentaria. La cifra no registra el aumento resultante de la disparada mundial del precio de alimentos de los últimos 60 días.
En la Argentina la inseguridad alimentaria se duplicó entre 2016 y 2020. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, las personas que no comen todos los días pasaron de representar el 5,8% entre 2014 y 2016 al 12,6% entre 2018 y 2020, niveles por encima del promedio de la región.
El hambre tiene en el mundo y en la Argentina causas que no deben buscarse en la carencia de alimentos, sino en la inequidad estructural. Aumenta o disminuye en el mundo por factores coyunturales, como la pandemia o las guerras, pero siempre es un flagelo, que no desaparecerá mientras persistan los desequilibrios y distorsiones derivados de sistemas económicos basados en la desigualdad.