La política de fortísimo ajuste de las cuentas públicas que está implementando el gobierno de Javier Milei trae como consecuencia inevitable un problema de solvencia fiscal para el Estado en general. No sólo para el nacional, sino también los provinciales y municipales.
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Festivales: austeridad, inversión y aporte cultural
La consigna de quienes tienen responsabilidad de gobernar es la austeridad. Esto es procurar ahorros ante la escasez de recursos. Hay, por cierto, gastos corrientes que no se pueden modificar, como los salariales o los básicos para el funcionamiento de la administración pública, en cualquiera de sus niveles de gobierno. Pero hay otros que, aunque importantes, pueden ser prescindibles en contextos de aguda caída de los recursos como el que se vive en la actualidad.
Ésta es la razón por la que varios gobiernos provinciales y municipales han tomado la decisión de no realizar este año festivales folclóricos tradicionales, que caracterizan desde hace años a provincias o localidades. Los gastos, sobre todo de prestigiosos números nacionales de indudable calidad, son excesivos para las raquíticas cajas estatales.
El notable incremento de la inflación tampoco es un aliciente. El movimiento turístico será este año sensiblemente inferior al del año pasado y habrá menos dinero para gastar, lo que también gravitará negativamente.
Son numerosos los festivales que no se realizarán este año por razones económicas. A nivel nacional, en Santiago del Estero, el de la Chacarera y el de la Salamanca, y el de la Chaya en La Rioja. A nivel provincial, dos en Aconquija y el de El Fuerte, en Andalgalá, aunque no se descarta que con el correr del tiempo sean más. Otros, en cambio, han confirmado, pese a las dificultades, su realización.
Aunque justificada por la debacle económica, la decisión de suspender las fiestas tradicionales implica un retroceso tanto en materia turística como en el aspecto cultural. Tal vez deba pensarse, antes de resolver la suspensión de este tipo de eventos, que son además integradores de la comunidad donde se realiza, en rediseñarlos, adecuándolos a la realidad vigente. Por ejemplo, dar más cabida a expresiones culturales y artísticas locales, que expresan la idiosincrasia de la comunidad.
Hay incertidumbre respecto de qué sucederá con la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, la más grande en los últimos dos años a nivel nacional, aunque aún resta medio año para su concreción. Es cierto que si el análisis se hace solo contemplando el desembolso que hace el tesoro provincial, el gasto es importante. Pero si se lo considera más una inversión que un gasto, considerando el movimiento turístico que genera, además de beneficiar a artesanos y comerciantes que venden sus productos en la exposición o en la zona de influencia del predio ferial, debe concluirse que son muchos más los beneficios de realizarla que de suspenderla. A lo que hay que sumar el aporte que este tipo de eventos significa para la cultura del pueblo.