En junio del 2019 se anunció con bombos y platillos la creación del Departamento de Fútbol Femenino dentro de la Liga Catamarqueña de Fútbol. La decisión fue muy bien recibida debido al auge de la práctica del fútbol entre las chicas, lo que obligó a que se pusiera en funcionamiento un departamento específico dentro de la estructura de la entidad madre del fútbol capitalino para que se encargara de la organización de la actividad federada.
El auspicioso comienzo no hacía presagiar que pocos años después salieran a la luz serias falencias que van a contrapelo del creciente interés por la práctica y que denotan una marcada desigualdad con la organización de los torneos de fútbol masculino.
Las jugadoras de cualquier club que integra las filas de la Liga Catamarqueña de Fútbol tienen que pagar para jugar. En cada partido de este último Torneo Clausura, las jugadoras debían abonar $400 para ingresar a la cancha en donde se disputaba el partido que las tendría como protagonistas en el rectángulo de juego. Insólito. Vergonzoso.
Como si el “pagar para jugar” no fuera suficiente se le añadió el hecho de no contar con las condiciones mínimas para disputar un partido oficial. Ocurrió en un cotejo del torneo Clausura en el que no había pelotas de fútbol disponibles. La respuesta fue que desde la Liga no habían enviado los balones. Finalmente el partido se pudo disputar gracias a que uno de los clubes tenía una pelota reglamentaria en condiciones. En otros casos se quejaron de la mala marcación de las líneas reglamentarias en las canchas, el mal estado de los vestuarios y los baños, entre otras falencias.
Otro aspecto negativo han sido los horarios en los que se programan cotejos, algunos de ellos después de las diez de las noche en días laborables.
La lamentable realidad del fútbol femenino era un comentario de pasillo pero que cobró más fuerza luego que una futbolista publicara en las redes sociales un descargo en el que desnudó las deficiencias con las que conviven.
Según la publicación, la situación llegó al colapso en octubre, luego de que en la provincia de La Rioja se disputara la Copa Federal en la que las chicas de Estudiantes de La Tablada representaron a la Liga Catamarqueña.
Pésimas condiciones de alojamiento –escasez de baños, sin ventiladores en las piezas-, tres partidos de 90 minutos cada uno, jugados en tres días consecutivos con temperaturas cercanas a los cuarenta grados, sin planilleros y sin pelotas en condiciones. La digna labor de las chicas del equipo “pincharrata” fue ostensiblemente superior a las condiciones que tuvieron para la preparación, ya que, según relató, la Liga Catamarqueña no les facilitó campos de juego en condiciones para los entrenamientos previos.
Pese a estas carencias enumeradas, el fútbol femenino sigue en franco ascenso gracias al interés de las chicas que se suman a la práctica, no solo fichando en algún club sino también copando las canchas de fútbol 5 en complejos privados del Valle Central.
Será determinante que las autoridades tomen nota de estas irregularidades para que en el corto plazo estas fallas organizativas sean solucionadas y no desalienten a las jugadoras, quienes esperan mínimamente poder competir en condiciones dignas y equitativas.