miércoles 1 de abril de 2026
Cara y Cruz

Extraña confesión

Interpretado bajo el influjo de la interna oficialista, del discurso de Cristina Kirchner en El Calafate se destacaron las concesiones conciliadoras hacia el devaluado Alberto Fernández y la descalificación al “irresponsable, desestabilizador e ingrato” ex ministro de Economía Martín Guzmán. Esta obsesión por la circunstancia intestina del Frente de Todos opacó un acontecimiento extraordinario tratándose de ella: la admisión de su propia participación en el fracaso colectivo nacional, cuando estableció el principio de la declinación en su segunda Presidencia.

La Vicepresidenta tomó la “versión preliminar” de un “Libro Blanco” que preparado por la Unión Industrial Argentina titulado “Propuestas para un desarrollo productivo federal, sustentable e inclusivo”.

“Un trabajo muy interesante”, dijo, antes de destacar la página 14, en la que la organización gremial de los industriales fija metas para los próximos cuatro años en producción, empleo, cantidad de empresas, exportaciones e inversión. Se proponen alcanzar los indicadores máximos registrados en estos rubros en algún momento de la historia reciente, de modo que al marcarlos marcan también el momento en que comenzaron a caer.

Cristina consignó:

- El pico máximo de producción industrial fue en 2011. Hay que crecer un 27% para igualarlo.

- El de empleo fue en 2012. Debe remontarse un 24%.

- El de cantidad de empresas, en 2008.

- El de exportaciones, en 2011.

- El de inversión, en 2013.

“Esto no lo digo yo, no lo dice La Cámpora, no lo dice Axel Kicillof: lo dice la U-I-A”, enfatizó, con sorprendente generosidad.

De modo que todos los indicadores industriales del país comenzaron a derrumbarse en su segundo mandato, salvo el de cantidad de empresas, que comenzó la decadencia en el primer año del segundo, 2008.

Un alivio para Mauricio Macri, cuyo ingreso en la Casa Rosada era señalado hasta ayer como final del tiempo dorado, inicio del infierno y causa exclusiva de todos los males que castigan a la sufrida Argentina.

Toda una novedad, acaso relacionada con la decisión de retomar los atavíos de leona herbívora que se puso al designar a Alberto candidato a presidente –por Twitter, como la renuncia de Guzmán-, ahora que propone acuerdos para superar la “economía bimonetaria”.

Por lo demás, lo único diferente de la exposición fue la ausencia de recriminaciones a Fernández, a quien hasta tuvo la deferencia de concederle como acierto la política del Previaje, aunque aprovechara el envión para defender el déficit de Aerolíneas Argentinas como virtud. Porque, sostuvo, es para que los vuelos incluyan lugares a donde los privados no irían por falta de rentabilidad.

¿Qué lugares serían esos? En el caso de Catamarca, el pasaje cuesta 300 dólares, lo mismo que en viajes similares dentro de Europa, por ejemplo, y los vuelos llegan y salen siempre llenos, al punto de cuesta conseguir pasajes.

No parece que el déficit de Aerolíneas obedezca a las magnánimas funciones que Cristina le atribuye. Para que los números cierren, cree que sería razonable incorporar a los balances de la compañía las rentabilidades del sector turístico, heterodoxia contable que salvaría la gestión de su presidente, Pablo Ceriani, kirchnerista para más datos.

Igual que los responsables del área de Energía, que ahí siguen como testimonio de su victoria tras la caída de Guzmán. Ojo que se le podrían ocurrir otras artimañas para encajar los multimillonarios subsidios que se destinan a mantener pisadas las tarifas en el área metropolitana.n

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