El observatorio Argentinos por la Educación presentó un informe en el que detallan la cantidad de niños, niñas y adolescentes...
El observatorio Argentinos por la Educación presentó un informe en el que detallan la cantidad de niños, niñas y adolescentes que accedieron al desayuno y/o almuerzo en las escuelas de gestión estatal, a través de los programas de cobertura existentes en cada una de las provincias del país durante el año 2022. Según el informe, creció un 21% la cantidad de alumnos que almuerzan en las escuelas.
El escenario económico actual, con una inflación anual del 200% y salarios que quedaron por debajo de esa cifra, ya permite anticipar que aumentará la cantidad de familias que buscan un plato de comida en las escuelas a partir del incremento de los indicadores de pobreza e indigencia. De esta manera, las escuelas volverán a ser instituciones cuya función primordial será la contención social, tal como ocurrió tras la crisis del 2001.
Según detalla el documento, a nivel nacional, el porcentaje de alumnos y alumnas que almuerzan en las escuelas creció un 21% comparado con el 2014, y un 21,3% los que desayunan. Esto es 1.860.00 y 2.843.000 chicos respectivamente, en el país. Este crecimiento superior al que tuvo la matrícula en las escuelas públicas que en los últimos 8 años, que fue del 6%.
Con respecto a Catamarca, los porcentajes de niños, niñas y adolescentes que reciben el desayuno en sus escuelas se mantuvieron entre 2014 y 2022. En este caso, el número es del 30%. Con respecto al almuerzo, hubo un leve crecimiento en la cantidad. El informe indica que en 2014 el 25% accedía a esta comida, mientras que durante el año 2022 lo hizo el 26%, es decir, solo un cuarto de la matrícula escolar.
En la provincia hay una importante cantidad de escuelas que mantuvieron los programas de asistencia social del Ministerio de Desarrollo Social para garantizar el desayuno, un refrigerio o el almuerzo de los niños, niñas y adolescentes, ya que el diagnóstico de las autoridades escolares fue que muchos alumnos asistían sin ingerir alimentos, lo que, obviamente, impedía el aprendizaje en condiciones normales.
En otros casos, las instituciones pelearon por mantener estos beneficios como una estrategia para sostener la matrícula y no tanto como respuesta a una demanda social. La amenaza permanente de cerrar aquellos cursos que tuvieran menos de 20 alumnos obligaba a las autoridades a garantizar algún servicio extra para garantizar matrícula.
Así, las autoridades escolares se ven obligadas a comprometerse con la gestión de la asistencia social y la rendición de fondos, más que en mejorar indicadores de calidad educativa. Es que las escuelas como centros de contención social terminan siendo la estrategia para garantizar que las familias continúen con la educación obligatoria para sus hijos.
El panorama no es de optimismo cuando hay una decisión política de recortar la asistencia del Estado. La escuela argentina no había logrado recuperarse de la tragedia de la pandemia que profundizó los problemas de enseñanza- aprendizaje y ahora tiene otra espada en la cabeza que amenaza con poner en riesgo la formación escolar de niños, niñas y adolescentes de escasos recursos.