miércoles 1 de abril de 2026
Cara y Cruz

Errores no forzados

El nuevo presidente de los argentinos tiene demasiados frentes de conflicto abiertos en la instrumentación...

El nuevo presidente de los argentinos tiene demasiados frentes de conflicto abiertos en la instrumentación de su plan económico de ajuste de las cuentas fiscales, como para andar padeciendo desgastes evitables a partir de errores no forzados. Los desafíos son mayúsculos y las medidas anunciadas, audaces, que auguran tensiones políticas y sociales. Errores que, por otra parte, ponen en evidencia las carencias de su entorno más cercano, que podrían ahorrarle disgustos y memes si lo aconsejaran convenientemente respecto de qué hacer y, también, respecto de qué no hacer.

Nadie puede olvidar que Javier Milei logró fama mediática a partir de su histrionismo, sus declaraciones polémicas, sus gritos en cámara y sus puestas en escena para describir con elocuencia su pensamiento político y económico. La imagen de él portando la motosierra es, seguramente, la que más lo representa. Se recordará, por ejemplo, su disfraz de Batman cuando era un simple comentarista en programas bizarros de la televisión vernácula. Y aquellas representaciones le sirvieron para hacerse conocido.

Hoy, como máxima autoridad de la Argentina, debería sin embargo ser más cauteloso y dejar relegado ese perfil más adecuado a los comienzos de su carrera. Y no aceptar, por ejemplo, el uso de atuendos que, según le recomendaron, es el apropiado cuando se trata de mostrarse en determinados contextos. Sobre todo si, en el apuro, no le consiguieron el talle más conveniente para su contextura física. Así, la campera militar con la que apareció en Bahía Blanca en oportunidad de su visita para interiorizarse de los daños ocasionados por el temporal llamó más la atención que lo que tenía para anunciar como ayuda para los damnificados. La misma vestimenta, con la misma incomodidad portaba el ministro de Defensa, Luis Petri. La imitación de los presidentes de los Estados Unidos cuando visitan las tropas de su país en zonas de combate pareció, en este caso, fuera de contexto. La ciudadanía esperaba, más que una puesta en escena presuntamente efectista, el anuncio de una ayuda nacional que finalmente no llegó. "Estoy perfectamente confiado en que ustedes van a lograr poder resolver esta situación de la mejor manera posible con los recursos existentes", dijo el primer mandatario. Una repetición de su ya clásico “no hay plata” con un tono más adecuado a la crítica situación en que quedó la ciudad del sur de la provincia de Buenos Aires.

Un rato antes de ese mismo domingo había incurrido en otro desatino. Su concurrencia a votar en los comicios internos del club Boca Juniors le valió airadas críticas, insultos y denuestos, no solamente por su condición de simpatizante de la lista opositora cuyo candidato a vicepresidente era Mauricio Macri, sino también en su carácter de primer mandatario nacional, lo que quedó en evidencia cuando le recriminaron a viva voz las medidas anunciadas durante su primera semana en el gobierno. Cualquier asesor con algo de experiencia le hubiese recomendado no asistir a votar. Para no exponerse a las diatribas, pero además porque las chances de triunfar en las elecciones de la lista que apoyaba eran mínimas. Por ambas razones ni el propio Macri fue a votar.

Hoy Javier Milei, a diferencia de los tiempos en que empezaba a hacerse conocido como panelista de televisión, tiene una responsabilidad institucional mucho mayor y una enorme cantidad de gente que lo rodea. Debería procurar, en todo caso, mejorar la calidad de sus asesores, personas de confianza y sentido de la razonabilidad que le impidan que incurra en errores no forzados como los que cometió dos veces en un mismo día.

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