miércoles 11 de marzo de 2026
Cara y Cruz

En todos lados se cuecen feudos

Entre las singularidades de la cultura política argentina se destacan las fluctuaciones que experimenta la sensibilidad de la epidermis republicana en relación con la geografía. Será por una sutileza sensitiva ajena a especímenes retrasados en la escala evolutiva, la distancia respecto del Trópico de Capricornio, diferencias en la presión atmosférica o algún componente esclarecedor colado entre las brisas provenientes del Río de la Plata, la cuestión es que procederes considerados deleznables en otras locaciones adquieren en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, para algunos sujetos, carácter virtuoso.

La manipulación de las reglas electorales, el aferramiento al poder y el nepotismo, vicios execrables del feudalismo provinciano que las buenas conciencias denuncian sin hesitar por cuanta propaladora se les pone a tiro, resultan no solo tolerables sino hasta elogiables si se ejercitan en el distrito porteño. Allí no hay problema si Jorge Macri, primo estimadísimo del expresidente Mauricio, se candidatea a Jefe de Gobierno luego de pasarse tres períodos como intendente de Vicente López.

Debe ser que su vocación política entró en conflicto con sus pruritos cívicos y, considerando un exceso alargar su permanencia al frente de Vicente López más de doce años, resolvió el dilema con la candidatura en CABA para no privar al país de sus servicios. Se sabe ya su límite: no le pidan más de 12 años al Jorge, porque no soporta perpetuarse.

Estaba el problema de la residencia y su incompatibilidad con una carencia del postulante que, al no contar entre sus numerosos dones con el de la ubicuidad, no podía haber residido al mismo tiempo en Vicente López y CABA. Según la normativa porteña, son necesarios al menos cinco años de residencia anteriores a la elección para poder candidatearse, pero el Jorge se la había pasado residiendo obstinadamente en Vicente López desde 2011, quizás porque trasladarse todos los días desde CABA hasta la intendencia vicentina le resultaba muy engorroso, encima con lo caro que está el combustible.

Obtusos que nunca faltan tuvieron el tupé de impugnarlo, pero sus contribuciones a la Patria han sido y serán tan valiosas que el Tribunal Electoral porteño emitió un dictamen digno de Salomón: la Constitución de CABA pide cinco años “anteriores”, no “inmediatamente anteriores”.

Detallistas, los jueces explicaron que Jorge tuvo domicilio en CABA “entre el 6 de octubre de 1981 y el 7 de abril de 2006”. 25 años de residencia “anterior”, un cuarto de siglo, cinco veces más que lo exigido por la Constitución. Casi que ni elección habría que hacer; podría entregársele directamente el mando en premio a tanta tenacidad residencial “anterior”. Como si no fuera mérito suficiente, los magistrados subrayaron además que Jorge “ejerció su derecho a sufragar” en CABA entre 1987 y 1999. Doce años, los mismos que iba a cumplir como intendente de Vicente López si no fuera por la imperiosa convocatoria de la ciudadanía porteña y el primo Mauricio.

Es de imaginarse la depresión del tucumano Juan Manzur y el sanjuanino Sergio Uñac. La Suprema Corte, con su proverbial miopía, los obligó a desistir de sus candidaturas a vicegobernador y gobernador por transgredir sus constituciones provinciales. Les pasa por ansiosos: capaz que si en lugar de desdoblar sus elecciones esperaban esta nueva jurisprudencia del Tribunal Electoral porteño tenían chances de que la Corte la considerara y los dejara jugar. Habrá que ver qué pasa con el primo Jorge llegado el caso.

Otro perjudicado por estos desacoples temporales jurídicos es Luis Barrionuevo, a quien en 2003 no le permitieron ser candidato a Gobernador de Catamarca precisamente por no tener “residencia”. Y eso que no era senador nacional por Provincia de Buenos Aires, donde está Vicente López, sino por la mismísima Catamarca donde le recriminaban no residir, aunque hubiera nacido en ella.

La Constitución catamarqueña exige para ser gobernador “residencia inmediata de cuatro años en la Provincia para los nativos de ella y de diez años, para los que no lo fueren”. Dice “inmediata”, pero no dice a qué ni, atención, si debe ser anterior o posterior al mandato. Se sobreentiende, dirán los estudiantes de Derecho, elementales e inexpertos, pero si caía en un Tribunal Electoral con la amplitud e imaginación interpretativa del que habilitó a Jorge, capaz que el gastronómico pasaba.

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