viernes 12 de abril de 2024
Editorial

Empujados a la indigencia

En los últimos dos meses se barajaron varias posibilidades de actualización de los haberes de los jubilados y pensionados. Que siguiera la fórmula actual, que se anulara la fórmula y el Ejecutivo nacional decidiese arbitrariamente los aumentos (tal lo que estipulaba el fenecido proyecto de ley ómnibus) o que se ajustara mes a mes por inflación.

Lo cierto es que las tres alternativas resultan perjudiciales para el poder adquisitivo del sector pasivo.

La fórmula actual eleva las pensiones según la evolución salarial y de la recaudación tributaria del trimestre anterior, y con los elevadísimos índices de inflación de los últimos meses el incremento de los haberes iba a estar muy por debajo de aquellos.

No es difícil inferir que la discrecionalidad del gobierno de Javier Milei en el otorgamiento de los aumentos iba a redundar en un atraso de los haberes jubilatorios: el propio presidente admite que la estrategia es la licuación de esos montos. Y es precisamente la licuación de las jubilaciones lo que explica casi la mitad del superávit fiscal logrado en enero.

Finalmente, la opción de ajustar mes a mes de acuerdo con el índice inflacionario lograba frenar la caída del poder adquisitivo que vienen sufriendo los jubilados y pensionados, pero no recuperarlos. Y además, la actualización iba a comenzar a regir en marzo, luego de tres meses de inflación muy alta y haberes congelados.

El resultado es que el sector pasivo es uno de los más perjudicados por el programa económico libertario. Un estudio realizado por el economista Carlos Martínez, que de la Universidad de General Sarmiento consigna que entre noviembre y marzo los jubilados y pensionados perderán el 23,9% del poder de compra.

El Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) tiene una proyección aun peor. Estima que las jubilaciones perderán 44 por ciento contra la inflación en el primer trimestre del año.

El economista Haroldo Montagu, de la consultora Vectorial, difundió otro informe sobre la evolución de los haberes mínimos del sector pasivo. Con los bonos, llegaron a “ganarle” un 10,3 por ciento a la inflación durante 2022, mientras que entre enero y octubre de 2023 perdieron apenas 0,2 por ciento. Pero entre octubre de 2023 y marzo de este año registraron una caída del 14,2 por ciento. Los haberes que son superiores a la mínima vienen perdiendo respecto de la evolución de los precios en los últimos años y, por supuesto, con mucho más margen desde noviembre.

El sector pasivo se ha convertido en uno de los blancos más vulnerables del programa de ajuste fiscal de la gestión del presidente Javier Milei. La situación es particularmente grave porque se trata de un grupo etario que no puede prescindir, en el intento de lograr ahorros, de determinados bienes –por ejemplo los medicamentos-, sin correr el riesgo de desenlaces trágicos. De modo que el programa que ha provocado esta caída vertiginosa del poder de compra de los haberes del sector merece una revisión que logre revertir esta tendencia que empuja a millones de personas, que trabajaron la mayor parte de su vida, a la indigencia.

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