jueves 23 de junio de 2022

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Editorial

Empatía con la víctima, antídoto contra el bullying

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21 de junio de 2022 - 01:10

El uso generalizado de las nuevas tecnologías ha agravado el problema del bullying, ha expandido su incidencia y con esa prolongación de sus efectos logra que, en algunos casos, las víctimas de este tipo de acoso crean que no tienen escapatoria, salvo que abandonen por completo las redes sociales y los servicios de mensajería.

A diferencia del bullying clásico, que se perpetra cara a cara y que tiene un alcance y una duración limitada, el ciberbullying se expande con una velocidad inusitada –se viraliza- e invade espacios de una manera imparable. Como consecuencia, la víctima se siente acosada de un modo intenso y permanente. Aún desconectándose sabe que las burlas continúan circulando y no se apagan nunca, porque además dejan huellas imborrables en el ciberespacio. No hay lugar seguro para la persona que es objeto de estos ataques demoledores que menoscaban su autoestima, sobre todo si son niños o adolescentes.

Un efecto colateral pero vinculado al ciberbullying, que también tiene como causa la exposición en redes sociales, es el riesgo de depresión de algunos usuarios por la escasa repercusión que tienen sus publicaciones. Se trata de un problema en el plano de la virtualidad que afecta a las chicas y chicos que no gozan de la “popularidad” esperada, o la que tienen otros amigos o compañeros. “Concentrados en sus múltiples pantallas, postean sus historias esperando que les lluevan los likes, pero ¡no llegan! o llegan de manera incomparablemente menor que a otros, ya holgadamente considerados “influencers”. Y le caen algunos comentarios desagradables, y el chico/a comienza a deprimirse. Se comienza a sentir acosado, paranoico, siente que le hacen bullying”, sostiene Martín Smud, psicoanalista y escritor.

El abordaje del problema del ciberbullying es más complejo que el del bullying “clásico”, si vale el término. El control de este tipo de agresiones en el mundo virtual es más difícil que en el que las burlas, el acoso, se hacen cara a cara. En este último caso, suelen darse con mucha frecuencia en el ámbito escolar. Y allí los docentes o directivos pueden trabajar el tema con víctimas, victimarios, compañeros que se mantienen al margen del acoso y también padres de los alumnos. En el ciberespacio es más difícil establecer controles, pero de todos modos deben idearse mecanismos eficaces para que el problema pueda salir a la luz y debatirse convenientemente.

Los padres también juegan un rol importante para detectar la amenaza y actuar en consecuencia, reclamando presencia institucional para atender la problemática.

De todos modos, una porción muy importante de la resolución del problema implica un cambio de actitud de los propios chicos. Si las burlas o las agresiones son festejadas o toleradas, se propagarán cada vez más. Si son cuestionadas como un comportamiento nocivo, su incidencia podrá retroceder.

Por eso es justo decir que la empatía con el que sufre puede ser un motor poderoso para combatir el bullying.

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Adhemar Capital. según la denuncia, la escribana era parte de la empresa.

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