miércoles 1 de abril de 2026
El Mirador Político

El Yenga de marzo

Las del año que viene serán las primeras elecciones que el oficialismo catamarqueño enfrentará con su referencia nacional en proceso de descomposición.

La novedad se suma a los cambios que se han producido en la sociedad, el campo opositor y la propia alianza articulada en torno al peronismo a lo largo de más de una década, con una gravitación cuyo alcance empieza a evaluarse recién ahora, cuando todo parece indicar que los comicios provinciales se harán, también por primera vez, en marzo, desacoplados de los nacionales.

Como en el Yenga, el movimiento de cada pieza modifica la estructura de sostenes, incrementa el riesgo de colapso de la torre e impone la sutileza.

Marzo es la decisión obvia para tratar de blindar al Gobierno ante el desplome de la Casa Rosada. Asumida la decisión, surge la necesidad de adecuar el diseño provincial a una batalla que se dará no solo sin un paraguas nacional consistente, sino contra una oposición entonada por el repunte de sus chances de acceder a la Casa Rosada.

En su versión Frente para la Victoria, el peronismo catamarqueño recuperó el poder provincial en 2011 con el respaldo decidido de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que ganaría su reelección por paliza en octubre.

En 2015 el peronismo perdió a nivel nacional, pero compitió unido bajo la candidatura de Daniel Scioli.

En 2019, la fórmula Alberto Fernández-Cristina Kirchner conjuró la fragmentación.

¿Qué pasará en 2023? Es un gran interrogante.

En el Frente de Todos conviven a duras penas tres proyectos presidenciales que van sumando elementos para la incompatibilidad: el cristinismo, Sergio Massa y Fernández, relanzado a su sueño reeleccionista.

Más interrogantes ¿Cómo influiría la dinámica de esa interna en los comicios provinciales? ¿Cómo impactaría un eventual desembarco de presidenciables de Juntos por el Cambio en la campaña?

“Deja vú” de los tiempos del FCS. Catamarca abría el calendario electoral del país y se convertía al mismo tiempo en una vidriera y un termómetro.

Las lecturas proyectadas a lo nacional del resultado catamarqueño serán inevitables, como ocurrió con la elección municipal de Marcos Juárez, donde una derrota inesperada embretó el mes pasado al gobernador Juan Schiaretti.

Gobernadores

En la incierta interna peronista, la liga de Gobernadores del Norte Grande es un eje de poder que comienza a ganar autonomía respecto del litigio tripartito Cristina-Massa-Fernández, que es exclusivamente metropolitano, concentrado en el Conurbano y solo mira al interior para buscar respaldos y terminales, no alianzas.

El grupo, que se reunió el viernes en Santiago del Estero, avanza en el diseño de una estrategia conjunta ya convencido de que la crisis de la dirigencia del AMBA es ilevantable. Es decir: se apresta a atravesar el llano como en el período de Macri, pero esta vez como polo regional y con un discurso federal que sería más verosímil esgrimido contra un Presidente de Juntos que con seguridad será también del AMBA, como el de ahora.

El gobernador Raúl Jalil pretende que sus decisiones a nivel provincial sintonicen con las del bloque que integra, que apunta a sumar al resto de los mandatarios peronistas y a los intendentes del Conurbano. Es la explicación que, en su estilo, desliza cuando en el frente interno lo apuran con definiciones.

Yenga. La torre se hace más inestable a medida que se aproxima la convocatoria. Marzo está; falta ajustar el diseño para angostar el espacio a infiltraciones foráneas.

Primarias

El de las PASO es solo uno de los problemas, la más visible de las tensiones que traman la alianza gubernamental.

Un proyecto para suspenderlas sería puesto en circulación en las próximas horas en el Senado, presentado por un legislador radical, pero en el Frente de Todos bulle la discusión.

Se busca a toda costa evitar que la polémica desembarque en la Cámara de Diputados, donde abundan librepensadores que juegan sin coordinar sus acciones con el Gobierno. El nuevo proyecto de reforma de la Constitución, que puso al ecosistema político en modo campaña, se presentó por ejemplo en forma inconsulta. Lo mismo pasó con la desafortunada visita que se le organizó al ministro de Obras Públicas, Eduardo Niederle.

Lucía Corpacci hizo suspender las primarias en forma preventiva en 2018, por si tenía que convocar para marzo. Después, seguramente con información sobre el sorpresivo movimiento que haría Cristina en el momento oportuno, decidió votar en simultáneo con las nacionales.

Quienes reclaman mantener las PASO ahora entienden que es necesario remozar al Frente de Todos y fortalecerlo con la incorporación en espacios más decisivos y visibles de sectores emergentes, que se afianzan y proyectan.

No alcanza ya, sostienen, sólo con Corpacci; hay que avanzar en la ampliación de la mesa y las PASO son el dispositivo más eficaz para legitimar aspiraciones, argumentan los “primaristas”.

El consenso para suspenderlas requiere explicaciones más claras y convincentes que las económicas.

Igual que los gobernadores, la dirigencia que cifra su futuro en la continuidad del Gobierno advierte sobre lo que ocurrirá a partir de diciembre del año próximo.

Nadie tiene expectativas de que el pronóstico de derrota nacional se revierta. El peronismo perdería entonces el control sobre las delegaciones de los organismos nacionales: ANSES, PAMI, Gerencia de Empleo, Desarrollo Social, Vialidad…

Esos “fierros” para la construcción política pasarán a manos de la oposición y le facilitarían salvar, con las célebres “efectividades conducentes”, las deficiencias de liderazgo que la limitan en este período. En el Yenga del poder provincial, Juntos por el Cambio sumaría a su torre piezas que el oficialismo perderá.

¿Cómo se compensará este desarme para mantener estable un eventual cuarto mandato del Frente de Todos?

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