El problema de la intendenta Susana Zenteno es que no puede refugiarse en la coyuntura: el desastroso estado de las calles de Valle Viejo es una patología crónica, disociada de la disponibilidad de recursos para resolverlo.
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El terror del tren delantero
El distrito chacarero ha profundizado durante los seis años que lleva de mandato su condición destructora de trenes delanteros, por decir lo menos. Si se redujera el asunto sólo a eso, podría la jefa comunal al menos tratar de redimirse como promotora de talleres mecánicos, pero la deficiencia entraña peligros mucho más graves, incluso letales, por el aumento de las probabilidades de accidentes.
“Acá taparon, volvieron a romper, asfaltaron y después se volvió a hundir. Nunca quedó bien”; “Todos los días se ve un auto que cae en un pozo o una moto que casi se va al piso”; “Llueve y el agua queda días. No corre, rompe más la calle y después nadie lo resuelve”… Son algunos de los testimonios de vecinos chacareros reflejados ayer por El Ancasti.
La extendida bronca espera la hora de la revancha oculta en la resignación: nadie espera que Zenteno vaya a acometer seriamente el problema, mucho menos después de las explicaciones que ensayó en su último mensaje al Concejo Deliberante, en la apertura del período de sesiones ordinarias.
La intendenta atribuyó el deterioro de la red vial a efectos colaterales de la controvertida obra de cloacas que, según dijo, debió inaugurarse hace 13 años. Su meta es concluirla antes de que concluya su puesto de alcalde y está dispuesta a “pagar el costo político” de hacerlo antes de recalar en la Legislatura, el gabinete provincial o el paraíso de los puntos índice, aclaró.
Es decir: es consciente del impacto que produce en el humor de los chacareros someter a sus vehículos a desafíos propios del Dakar, más riesgosas cuando llueva, pero les promete terminar con las postergadas cloacas.
Mientras tanto, sugiere que “anden despacito”.
Agotadas las paciencias, enternece su confianza en la comprensión vecinal y la amnesia. De acuerdo a sus cálculos, la obra debió concluir durante el mandato como intendenta de Natalia Soria, que fue sucedida en el mando por el radical Gustavo Roque Jalile. De los 13 años de demora, la mitad –seis años y pico y contando- le corresponden a ella.
Aparte, los baches, hundimientos, zanjas e inundaciones se extienden como metástasis sin remedio por todo el departamento, no solo en la zona de las benditas cloacas. No se trata de las cloacas, sino de la inoperancia de una gestión municipal que recibe sistemáticamente millonadas del Tesoro provincial por afuera de lo que le corresponde para solventarse. El Gobierno tuvo que hacerse cargo del sistema educativo municipal chacarero debido al colapso en el que lo había sumergido la administración zentenista.
La corrosión política del padecimiento vecinal por el tránsito se potencia, además con episodios como el del viaje al Caribe que la intendenta intentó mantener oculto, en una prefiguración notable de los escándalos que por estos días envuelven al Jefe de Gabinete Manuel Adorni.
La inauguración de la obra de cloacas es “a pillar”. Habrá que ver si la termina o se despide echándole la culpa a alguien por no haber cumplido.
Hasta entonces, los chacareros tendrán que seguir sufriendo las irregularidades del camino y gastando en repuestos y mano de obra. Porque eso sí: en tiempos de recesión y caída del consumo, hay que agradecerle a Zenteno sus contribuciones a la prosperidad de los talleres mecánicos y casa de repuestos, que en Valle Viejo atraviesa una de sus etapas más florecientes. Los chacareros no tendrán ni cloacas ni calles, pero no sería justo negar el efecto multiplicador en la economía que tienen las ventas de amortiguadores, bujes, rótulas y parrillas de suspensión.