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Cara y Cruz

El sueldo del Gato

Nadie podrá reprocharle falta de lealtad a Víctor "Gato" Luna. En un postrero...

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7 de mayo de 2022 - 02:15

Nadie podrá reprocharle falta de lealtad a Víctor “Gato” Luna. En un postrero sacrificio militante, renunció pública y estruendosamente a la línea Celeste para apartarla de la trayectoria de una revelación de alto impacto: no solo cobra un índice 1,2 en la Cámara de Senadores presidida por el vicegobernador Rubén Dusso, sino que también aporta a la caja del Partido Justicialista.

Como se ocuparon de viralizar por redes sociales unos anónimos objetores, fue senador por el departamento La Paz durante 16 años y pasó a la Cámara de Diputados sin escalas, donde estuvo apoltronado 8 años hasta quedarse sin la chance de la reelección el año pasado. Tanta experiencia parlamentaria habrá sido determinante para que el Senado decidiera abonar por sus servicios, aunque el beneficiario sea el también radical senador por Ancasti Luis Ariel Cordero. Se entiende: Cordero recién va para seis años en la banca y la sabiduría de Luna le resulta indispensable para desplegar un correcto desempeño.

Menos comprensible es que al “Gato” le descontaran una contribución para el Partido Justicialista. Parece que se enteró recién cuando su recibo de sueldo tomó estado público y se apresuró a exigirle a Dusso que dejara de bolsiquearle el salario, pero en la Unión Cívica Radical estarían preparando una denuncia por estafa. El "Gato" es radical, el senador Cordero también ¿por qué el PJ se queda con el aporte partidario en lugar de girarlo a las alicaídas arcas boinablancas? Unos descuidistas estos perucas.

Lo único que le faltaría al cuerpo legal del radicalismo para formalizar la denuncia, que incluiría la exigencia de que les devuelvan los descuentos practicados a Luna antes de que saltara la liebre, es determinar en qué fuero corresponde radicarla. Con esto del caso Bacchiani reina la confusión entre las competencias federal y provincial y no quieren errar el viscachazo. Entienden que tienen que apurarse antes de que en el Senado empiecen con las internaciones o las excusas de que necesitan computadoras y teléfonos para desencriptar los emolumentos del asesor y poder pagar.

Cordero pidió la designación de Luna el 31 de enero, dos meses después de que éste dejara la banca de diputado. El angurriento PJ se habría comido las contribuciones partidarias de febrero, marzo y abril, un abuso inaceptable que le hace muy mal a la convivencia democrática y obstaculiza el diálogo que tanto se cacarea.

Justamente, el grotesco episodio se disparó por una disputa sobre la memoria de Marita Colombo. Luna había considerado que la extinta dirigente, a la que se le rendían homenajes en el primer aniversario de su fallecimiento, hubiera aceptado las invitaciones al diálogo del Gobierno, con o sin desayuno.

Estas conjeturas fueron respondidas con conjeturas de sentido inverso por sus correligionarios, que lo acusaron de malversar el legado de Marita, quien a su criterio jamás se hubiera prestado a los enjuagues tramposos del oficialismo.

Por razones obvias, se desconoce qué opina la respetada Marita, aunque pueda suponerse –ya que todo el mundo especula sobre sus hipotéticas conductas- que agradecerá no haber tenido que padecer la vergüenza ajena de presenciar rencilla tan absurda.

También, entrando de lleno en la onda conjetural, reflexionar acerca de qué hubiera opinado sobre el coraje de quienes desparramaron un recibo de sueldo desde el anonimato para escrachar a un correligionario.

Por muy ventajero que pueda considerárselo a Luna, ha de convenirse que su conducta no dista demasiado de la de otros. Ahí está, para no irse demasiado lejos, el ex diputado Rubén Herrera, designado prosecretario del bloque en la Cámara de Diputados el año pasado tras calentar poltronas infatigablemente desde 1992.

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