El encuentro de gobernadores peronistas que se realizó el lunes en el Consejo Federal de Inversiones contó con la presencia de sindicalistas que asistieron en su condición de miembros del Movimiento Nacional Sindical Peronista, fomentado, entre otro, por el catamarqueño Luis Barrionuevo.
Se trata del primer encuentro importante y público de jerarcas peronistas que se realiza después de que Cristina Fernández de Kirchner anunció que el año que viene no será candidata a nada, tras ser condenada en primera instancia a 6 años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos en el marco de la causa por corrupción en la obra pública de la provincia de Santa Cruz. Como se consignó en este espacio el lunes, es el inicio de una reacción ante la defección electoral de CFK, que es la figura que mayor consenso reúne dentro del Frente de Todos y la que tiene, pese al derrumbe de su imagen, el nivel de competitividad menos pobre en el oficialismo.
Gobernadores y sindicalistas comienzan a explorar fórmulas para gestionar lo que sería el poscristinismo, etapa que no excluye a la Vicepresidenta –algo por otro lado imposible si se pretende sostener unido el Frente de Todos- pero sí implica una revisión del sistema de toma de decisiones. Los mandatarios y las facciones peronistas cumplieron con el ritual de respaldar a CFK en su infortunio, pero no olvidan que fue ella la que diseñó la “doble Fernández”, con Alberto en la Presidencia y ella en segundo término. El éxito electoral del artilugio fue proporcional al fracaso de una gestión que ha llevado al justicialismo a su peor situación histórica en democracia.
Aproximándose los 40 años de la restauración democrática, Raúl Alfonsín se ha puesto de moda. No pocos peronistas preocupados lo recuerdan por una cuestión muy específica: los primos de la UCR no pudieron nunca más alumbrar un liderazgo de potencia semejante y terminaron, tras el fracaso de la Alianza que llevó a la Presidencia a Fernando de la Rúa, a la cola del PRO. Ahora, es cierto, parecen más entonados, pero la pregunta es qué pasará con el justicialismo sin Cristina en las boletas. Quieren evitar un desplome como el que padecieron los radicales.
El encuentro del CFI expuso dos ejes de poder tradicionales del justicialismo.
Fuera quedaron por el momento los movimientos sociales, que son un factor nuevo y tienen al funcionario nacional y jefe del Movimiento Evita Emilio Pérsico como referente más caracterizado, pero el dato más significativo es que hay un movimiento de personajes con poder territorial y sindical que inicia un reagrupamiento. Sobre todo porque Cristina suspendió para el lunes que viene –después de la final mundialista que jugará Argentina- su reaparición en escena y podrían producirse otras novedades conmocionantes. Ella es una especialista en ese tipo de maniobras.
Una lectura posible de la secuencia es que la renuncia de CFK a ser candidata haya obedecido a la intención de medir las reacciones. Trascendieron, por caso, reproches por falta de militancia que les hizo a los acólitos que viven de su tracción electoral después de la condena. Como si los hubiera conminado a construir a ellos el poscristinismo.
La reunión de los gobernadores con participación de sindicalistas ajenos a la órbita K es una de esas reacciones. Otra fueron las loas cantadas por Fernando “Chino” Navarro, dupla de Pérsico, al gobernador de Córdoba Juan Schiaretti.
La evolución que tengan estos emergentes trasciende al peronismo y se proyecta sobre todo el terreno para afectar la confianza que se tiene Juntos por el Cambio. El renunciamiento electoral de CFK no sólo genera un vacío en el Frente de Todos. También priva a la oposición de su principal insumo argumental, que es el anticristinismo.
¿Y si los peronistas le encuentran la vuelta a poscristinismo? Por lo pronto, el encuentro del CFI marca por lo menos una pausa en la tendencia a la fragmentación.n