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Mirador Político

El mantra de la reforma

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3 de abril de 2022 - 02:15

Si bien el intendente de Fray Mamerto Esquiú, Guillermo Ferreyra, parece haber quedado aislado en el intento de ir por un tercer mandato en contra de lo que dispone la Carta Orgánica sobre la que juró en 2015, la tibieza de la reacción oficialista se concatena con otras actitudes del Gobierno para afirmar la presunción de que el rechazo a la perpetuación en los cargos no es tan sincera como se pregona.

Esta impresión empieza a impregnar también las remanidas convocatorias a reformar la Constitución provincial para erradicar, según se dice, “privilegios de la política”, entre los que la reelección indefinida ocupa espacio destacado como emblema de la angurria de casta.

El Gobierno reincidió en proponer la enmienda como prenda de consenso cuando fracasó el desayuno de trabajo entre el gobernador Raúl Jalil y los legisladores de la oposición luego de que los diputados oficialistas aprobaron de arrebato los contratos firmados con las empresas litíferas Liex y Galaxy.

La oposición declinó la invitación, razonablemente. Se pretendía complicarla en una impostura: los convenios van rumbo a la anuencia parlamentaria definitiva en el Senado, cualquier tratativa política a esta altura resulta inconducente. Concurrir equivalía, explicaron desde la oposición, a convalidar lo que habían rechazado en el recinto de sesiones.

Cambiando de tema

Frustrada la maniobra, el Gobierno desempolvó el “mantra” reformista. El convite de Jalil a “un diálogo sincero” al respecto fue respaldado con entusiasmo poco usual por la senadora nacional y exgobernadora Lucía Corpacci.

“El gesto de convocatoria del gobernador habla de querer involucrarnos a todos, no es que es solamente a un sector. Creo que es una cosa muy sana, si ellos no lo toman…”, dijo.

Luego reivindicó los acuerdos con las mineras: “El acuerdo que se hizo en minería es muy bueno. Es totalmente distinto a lo que nos encontramos cuando asumimos, en el que las mineras hacían lo que querían. Si no, pregúntenle a cualquier empresario o a cualquier intendente”.

Corpacci sigue ocupando el rol purificador en los rituales oficialistas. El Gobierno supone que su palabra es garantía de cristalinidad suficiente para purgar las sospechas de enjuagues que la oposición se empecina en sembrar, ahora con la minería.

La secuencia es, sin embargo, clara.

La velocidad que se le imprimió al trámite legislativo acrecentó las dudas sobre los convenios mineros; la oposición cuestionó la regularidad de la sesión; el oficialismo reaccionó proponiendo un diálogo inoficioso sobre el tema minero, otro diálogo por una reforma más manoseada que naipe de boliche y la supuestamente sacrosanta palabra de Corpacci, que viene a ser como la del Papa: infalible.

Luis Lobo Vergara, presidente del bloque de diputados de la UCR, resumió irónicamente: “No he visto a nadie en la plaza 25 de Mayo o en la plaza de cualquier cabecera departamental rasgarse las vestiduras por la necesidad de la reforma de la Constitución. Me parece que es mucho más importante que hablemos de la salud, de la educación, de la calidad institucional, de los acuerdos mineros".

Herejía

En contraposición a estos esfuerzos por despojar de sospechas a los convenios con las litíferas, el anuncio de las pretensiones re-reeleccionistas de Ferreyra no ameritó siquiera una reconvención de los altos mandos.

Debe considerarse que se trata de un anatema para la narrativa oficialista, que agobia con la cantilena de que dos mandatos son suficientes, que es indispensable el recambio generacional y que hay que seguir el ejemplo de Lucía, que desistió de un tercer mandato para el que estaba constitucionalmente habilitada pese a tenerlo en el buche.

Ferreyra era, además, el secretario de Gabinete de Corpacci cuando ésta impulsó la meneada reforma en 2014. O sea: un hereje completo, que pretende usufructuar del más paradigmático de los “privilegios de la política” cuya eliminación se procura.

El intendente presentó sigilosamente un recurso de inconstitucionalidad contra el artículo de su Carta Orgánica que le prohíbe un tercer mandato el año pasado, y el juez Electoral Guillermo Cerda falló a su favor antes de jubilarse, en noviembre.

Año electoral, ninguno de sus candidatos al Concejo Deliberante, tampoco él mismo mencionó la conveniencia de reformar una Carta Orgánica inconstitucional, que hubiera sido el procedimiento adecuado: ¿Cómo la castidad institucional tolera que los esquiudenses se rijan por normativa contraria a la Constitución?

Una barbaridad, aunque es preciso consignar que los intendentes y concejales de municipios con Carta Orgánica son los únicos miembros de la política local que carecen del beneficio de la reelección indefinida. En un improbable proceso por indisciplina, Ferreyra podría apelar a la solidaridad de su colega pomanisto Francisco Gordillo, pionero que consiguió en 2007 que se declarara inconstitucional el artículo de la ley Orgánica de Municipalidades que prohíbe expresamente más de una reelección consecutiva a los intendentes. Está en el cargo desde 1999: 23 años sin soltar la teta, un patriota cuyo ejemplo ha de ser más inspirador que el de Corpacci para los Ferreyra de este mundo.

Ni un coscacho

Entre el anuncio de la novedad judicial por parte de un Ferreyra alborozado y el pronunciamiento oficial al respecto medió una semana. La controversia se mantuvo hasta entonces encapsulada en Fray Mamerto Esquiú.

Recién después de una reunión que mantuvieron legisladores oficialistas con Jalil, Corpacci y el vicegobernador Dusso se abrió la tranquera para tomar distancia.

Prudencia ante todo. La movida del intendente era tan contradictoria con el discurso oficial que la mayoría supuso que podía contar con algún guiño de la cúpula.

El parte sobre el encuentro con los jerarcas que desplegó el senador capitalino Maximiliano Brumec no fue tan contundente como para despejar las dudas, de todos modos. Dijo que “el espíritu del Gobierno es que haya una sola reelección” y rindió el homenaje de rigor al renunciamiento de Lucía en beneficio de Jalil de 2019, pero agregó un inciso curioso: “Más allá de esto, se evaluará cada caso en particular. Cuando llegue el momento el partido definirá y cada caso deberá ser analizado de forma individual”.

Es decir: no se desautorizó el movimiento de Ferreyra y se analizará “cada caso en particular” llegado el momento.

Mientras tanto, otra vez: “También se habló de la posibilidad concreta de modificar la Constitución y plasmarlo en esa reforma. Es uno de los puntos en los que tenemos pensado avanzar”.

No hay apuro. Si llega a reformarse la Constitución ¿Qué elemento para decir que persigue consenso le quedará al Gobierno? Ya dinamitó la política minera con la sanción unilateral de los acuerdos litíferos, la herejía al credo anti “privilegios de la política” no le costó a Ferreyra ni un coscacho.

Mejor que la reforma siga pendiente. No se terminarán los denostados privilegios, pero seguirá siendo útil como tapadera.

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