"El potencial productivo de la zona, que alcanzó picos de desarrollo importantes antes de la megaminería, fue abortado...
“El potencial productivo de la zona, que alcanzó picos de desarrollo importantes antes de la megaminería, fue abortado para dar paso a un crecimiento desmesurado de la burocracia y el parasitismo estatal. Vale decir: en lugar de financiar políticas tendientes a promover la producción sustentable, para la que la región cuenta con recursos naturales muy ricos, se usaron los fondos mineros para configurar un bulímico sistema clientelar que, con el dinero que lo cebó sin freno en remisión, consume ahora el erario completo y lo deja sin resto.
En paralelo, sobre el dinero fácil de la minería fueron expandiéndose y arraigando los vicios típicos del ocio baldío devenido de la destrucción de la cultura del trabajo: drogas, alcoholismo, juego, prostitución, y su correlato de delitos e inseguridad.
Como frutilla del postre, la comunidad se fracturó entre mineros y anti-mineros, con enfrentamientos de virulencia inusitada y reventones de violencia.
Lejos de la bendición, las riquezas minerales terminaron siendo para Andalgalá una maldición.
La resistencia a la gran minería es de tal modo comprensible. Para los andalgalenses, la actividad solo ha significado atraso, decadencia y fractura social; involución en lugar de evolución, por el saqueo de una dirigencia miope en el mejor de los casos, venal en la más malintencionada de las lecturas, pero indiscutiblemente próspera a pesar de la devastación”.
La cita es del Mirador Político “Andalgalá remacha el clavo minero”, publicado el 11 de septiembre de 2016. Es extensa, pero se la reproduce a propósito de la advertencia que acaba de hacer César Cuello Roca, propietario de la bodega que lleva su apellido ubicada en Medanitos, Fiambalá, sobre la amenaza que la industria del litio representa, a su criterio, para la producción vitivinícola.
Cuello Roca centra su inquietud en los salarios que pagan las litíferas, desmesuradamente superiores a los que su actividad está en condiciones de ofrecer. El desfasaje estimula, señaló, una “migración de obreros del sector rural al minero” que está dejando sin trabajadores a la actividad vitícola, y augura un escenario desolador. “Nos estamos preparando para el final”, dramatizó.
Quizás generalizar la situación de Cuello Roca sea excesivo, pero sus manifestaciones plantean, en plena fiebre del litio, un interrogante cuyo abordaje se omite: después de la minería ¿qué?
La experiencia andalgalense
Andalgalá no ha podido responderlo satisfactoriamente. Agotado el yacimiento Bajo La Alumbrera, el distrito cifra sus expectativas de recuperar esplendor en el impacto directo e indirecto de Agua Rica. Es decir: la renta minera se consumió sin que se generaran condiciones para desarrollar actividades productivas alternativas, de modo que Andalgalá está aprisionada por la minería.
La inexistencia de políticas tendientes a evitar que tal secuencia se repita equivale a una condena.
La minería extrae recursos no renovables y vuela, llevándose sueldos, puestos de trabajo y contratos a proveedores, una vez que se acaban. Si resulta incompatible con actividades sustentables, como es el caso de la vitivinicultura, las comunidades quedan atrapadas en una encerrona de degradación, con las plantillas estatales como casi única alternativa laboral posible.
El planteo de Cuello Roca excede de tal manera lo salarial para proyectar el problema de fondo, que es el de la posminería.
El caso Fiambalá
Con esquemas de inversión muy agresivos, cuyos espectaculares volúmenes contabilizados en dólares son funcionales a la propaganda oficial, las litíferas compiten y entran en contradicción con actividades productivas que hacen a la identidad y a cultura de las comunidades del interior catamarqueño.
Paradójicamente, se trata de actividades que el Estado también procura promover, pero se enfrentan a una carencia insalvable en lo inmediato, ya que las gestiones de las mineras para capturar mano de obra local se aplican sobre un mercado laboral muy reducido.
El caso fiambalense es ilustrativo.
Allí hay dos proyectos litíferos, el de Tres Quebradas, de capitales chinos, y el que anunciaron CAMYEN e YPF Litio, que recién está por entrar en etapa de exploración, pero el potencial de expansión es inmenso en todo el departamento Tinogasta, en un proceso que se acelera por la demanda de litio y la intensa política de inventivo a las inversiones del Gobierno.
Si con solo dos proyectos que ni siquiera están en producción un vitivinícola empieza a rezongar por los inconvenientes, qué esperar para cuando los emprendimientos se multipliquen y la extracción en auge demande más trabajo.
¿Quién trabajará en las viñas y cosechará las uvas para proveer las dos mosteras tinogasteñas?
La maldición
“Sabemos que se aproxima el final porque no es una cosa que la esté anunciando con poco espíritu para el futuro, sino que ha ocurrido en muchas partes del mundo. Esto que está pasando tiene un nombre y es ‘la maldición de los recursos naturales’. Pongan en Google y van a ver: donde se descubren recursos naturales que proporcionan mucho dinero, se produce la desgracia de las actividades que había hasta ese momento basadas en una economía de mucho menor valor”, dijo Cuello Roca.
Algo por el estilo señaló la antropóloga Rita Segato cuando recibió el doctorado honoris causa en la UNCA.
¿Es indefectible el desenlace pronosticado?
Desde la minería enfatizan que la actividad es indispensable el desarrollo y la civilización, pero tal respuesta desplaza el eje del debate. Lo que se objeta no es la minería, sino las dificultades para compatibilizarla, en situaciones muy específicas de extracción intensiva, con actividades productivas sustentables. Lo de Cuello Roca viene a recordar que estos inconvenientes no se circunscriben a lo ecológico.
Frente a las dudas, los defensores de la minería yerguen consignas de compromiso ambiental y dignidades ultrajadas. Es poco para neutralizar sospechas abonadas por experiencias como la de Andalgalá o las incursiones en el negocio del litio de figuras tan opacas como la del ex ministro del Interior José Luis Manzano.