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El Mirador Político

El iceberg Palacios

12 de febrero de 2023 - 01:05

Es una gran incógnita si el fiscal Laureano Palacios formalizará ante el tribunal del jury las objeciones globales al sistema que anticipó en una defensa anticipada que le rechazaron por improcedente.

Su justificación frente a las críticas por las deficiencias en el inicio de la investigación del asesinato del ministro de Desarrollo Social Juan Carlos Rojas se afirman en cuatro ejes:

- Ninguno de los peritos que intervinieron en la escena del crimen le advirtió que el funcionario podría haber muerto por causas violentas, distintas a las “naturales” que él esgrimió en un primer momento. Esta defección pericial que alega en su defensa desacredita a Homicidios de la Policía de la Provincia, el Cuerpo Interdisciplinario Forense de la Corte de Justicia y hasta el cuerpo de bomberos.

- El juez de Garantías Lucas Vaccaroni incurrió en un exceso de rigorismo al liberar a Silvina Nieva, a quien Palacios le endilgó homicidio agravado por el vínculo y alevosía, porque la orden de detención no tenía su firma ni la de su secretario. Nieva debería haber seguido detenida pese a estos defectos formales.

- La falta de firmas no es responsabilidad suya, o en todo caso no solo suya, sino de su secretario y de los fiscales que le habían puesto como colaboradores, Hugo Costilla –a cargo en la actualidad del expediente- y Alejandro Gober.

- Su solvencia profesional para ocupar el puesto de fiscal está suficientemente probada por el Poder Ejecutivo, que lo propuso y la Cámara de Senadores, que lo aprobó.

Estos argumentos aún no forman parte del expediente del jury que diputados de la oposición instigaron para desplazarlo por incompetente, pero podrían incorporarlos en el descargo que haga antes de fin de mes, si no elige renunciar antes.

El descargo de Palacios es de este modo un dato central: de sostener las razones que despliega fuera de cuerda, el juicio político expondría a escrutinio público al conjunto de los peritos, el juez de Garantías, la Fiscalía General, el Gobierno y el Senado provincial.

Todo el sistema institucional en capilla para salvarse el pellejo, debe reconocerse no tanto su audacia como su originalidad. Se postula, en definitiva, como la punta de un iceberg: la irresolución del crimen de Rojas no obedece a su impericia, sino a quienes lo encumbraron sin considerar que sus auxiliares lo abandonarían en el momento más crítico.

Faltaría que deba pagar personalmente con el cargo miserias que son colectivas.

Preguntas

Tal vez el juez de Garantías Vaccaroni pecara, como quiere Palacios, de rigorismo extremo. Sin embargo, la investigación desarrollada hasta el momento no ha conseguido reunir elementos que comprometan a la única sospechosa: Silvina Nieva, imputada y detenida por Palacios durante una semana.

El fiscal Costilla recién ahora se hizo con el informe de las pericias practicadas por Gendarmería Nacional sobre los teléfonos celulares. La familia del finado Rojas abriga expectativas en los indicios que puedan surgir de estos mensajes, a más de dos meses del homicidio. Si no fuera por Vaccaroni, Nieva tendría que seguir presa.

Como los componentes políticos del episodio son insoslayables, hay un interrogante que se impone, al margen de cualquier consideración sistémica: ¿por qué Palacios ordenó la detención de la mujer? Con o sin firma; el asunto excede formalidades.

De esa pregunta se desprenden otras, más inquietantes por sus proyecciones.

Palacios sigue siendo fiscal ¿Por qué no defendió su actuación en el expediente, por qué se hizo a un lado con tanta mansedumbre, por qué se allanó a la humillación de que lo suplanten?

Estos interrogantes podrían resumirse en uno: ¿Qué sabe el fiscal?

Impunidad

Por supuesto, todo podría reducirse a la mera inoperancia de un burócrata encumbrado por dedos influyentes, cosa que quedaría clara si el doctor Palacios admitiera que el puesto, sueldos y gangas adicionales incluidas, resultaba demasiado grande para su inexperto cuero. Podría pasar, hay que esperar su descargo.

Hasta entonces y aunque lo hiciera, el asesinato de un ministro continúa impune en Catamarca. Tal impunidad alimenta las más variadas y miserables hipótesis. Entre ellas, comienza a afirmarse la de que Silvina Nieva, que amplió su indagatoria para ratificar que no estuvo ni cerca de la escena del crimen, haya sido el embrión de un chivo expiatorio.

Palacios fue el que la hizo meter presa y hasta el momento lo único que ha atinado a hacer es un planteo de ineptitud de generalizada. Acaso sea cierto, pero aún así persisten las dudas sobre la detención, que ordenó cuando ya había estallado el escándalo de la doble autopsia: tuvo que ordenar una segunda que confirmara lo que ya decía la primera, para lo cual debió sustraer el cadáver de Rojas a deudos que se aprestaban a sepultarlo. Todo porque Luis Barrionuevo dictaminó que el ministro había sido asesinado y que la muerte natural era un verso, o una esperanza.

El potencial escandaloso del jury a Palacios es, de tal manera, enorme. Sometido al proceso, tendrá que desarrollar los argumentos que adelantó informalmente, identificar responsables.

Ironías del favoritismo, está en la encerrona con escasas opciones: renuncia y se queda en la horma, acepta su incompetencia o desnuda una trama desconocida.

Lo dicho: un iceberg.

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