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Editorial

El fantasma de la precarización

7 de agosto de 2026 - 00:24

La situación económica de los jóvenes argentinos constituye uno de los desafíos más relevantes que enfrenta el país. Los datos conocidos en los últimos días resultan elocuentes de las dificultades que enfrentan. Una mayoría de los jóvenes admite que sus ingresos no alcanzan para afrontar los gastos cotidianos; seis de cada diez deben recurrir a ayuda económica de familiares o allegados para llegar a fin de mes y la posibilidad de acceder a una vivienda propia o alquilar un hogar independiente continúa alejándose. La prolongación de la permanencia en el domicilio familiar aparece cada vez más determinada por limitaciones materiales.

En este fenómeno se esconde una paradoja: fueron precisamente los jóvenes quienes, en las elecciones presidenciales de 2023, otorgaron uno de los respaldos más contundentes a Javier Milei. Ese acompañamiento expresó, en buena medida, el agotamiento frente a un ciclo de frustraciones económicas y la expectativa de que un cambio profundo permitiera recuperar las oportunidades perdidas.

La historia argentina ofrece numerosos ejemplos de esa aspiración. Durante buena parte del siglo XX, el estudio, el trabajo y el esfuerzo personal constituyeron instrumentos eficaces para alcanzar una mejor calidad de vida que la de los propios padres. Esa movilidad social ascendente, alimentada por una educación pública prestigiosa y un mercado laboral dinámico, se convirtió en uno de los rasgos distintivos del país y en una de las bases de su integración social.

Sin embargo, ese mecanismo ha comenzado a deteriorarse. La inestabilidad macroeconómica, la inflación persistente, las sucesivas crisis productivas y el crecimiento sostenido de la informalidad fueron afectando las condiciones necesarias para que los jóvenes encontraran empleos estables y adecuadamente remunerados. Son precisamente ellos quienes encuentran mayores obstáculos para acceder a un empleo registrado. La incertidumbre deja entonces de ser una circunstancia pasajera para convertirse en una condición permanente.

Ninguna transformación del país será verdaderamente perdurable si una generación entera permanece atrapada en la precariedad laboral. Ninguna transformación del país será verdaderamente perdurable si una generación entera permanece atrapada en la precariedad laboral.

La experiencia internacional demuestra que los procesos de crecimiento más exitosos han sido aquellos capaces de combinar estabilidad macroeconómica con políticas activas de formación, capacitación e inserción laboral. Es en las economías que lograron reducir el desempleo juvenil y fortalecer la productividad donde existieron incentivos adecuados para la creación de empleo formal y sistemas educativos articulados con las necesidades del aparato productivo.

La Argentina necesita avanzar en esa dirección. El desafío consiste en reconstruir la expectativa de progreso que durante décadas distinguió al país. Ninguna transformación será verdaderamente perdurable si una generación entera permanece atrapada en la precariedad laboral.

Promover la inserción laboral formal de las nuevas generaciones constituye una condición indispensable para restablecer la movilidad social, fortalecer la cohesión de la comunidad y despejar, de una vez por todas, el persistente fantasma de la precarización que hoy condiciona el porvenir de miles de argentinos.

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