domingo 16 de junio de 2024
Editorial

El drama de la desigualdad

La expansión del capitalismo global genera riqueza permanentemente, pero al mismo tiempo ha incrementado los índices de desigualdad a niveles nunca vistos. No puede señalarse esta situación como una anomalía, sino que es el resultado de la lógica de acumulación del sistema si es que los Estados no intervienen regulando los mercados y ejecutando políticas redistributivas del ingreso y la riqueza.

El último informe elaborado por la organización internacional World Inequality Database señala que hacia el año 2022 –últimos datos globales disponibles- el 1% de la población mundial controlaba el 38% de la riqueza global, mientras que el 50% de la población más pobre solo poseía el 2% del total.

La región con mayor desigualdad es América Latina. Chile encabeza el ranking de la desigualdad, evidenciando una riqueza muy concentrada: el 1% de la población ultrarrica chilena que controla el 49,8% del total, mientras que el 50% más pobre tiene un déficit del -0,6% que denota extrema pobreza. Una ampliación del rango de riqueza hasta el 10% consigna que ese segmento de la población acumula el 80,4% de la riqueza total. Brasil le sigue de cerca: el 1% de los ultrarricos poseen el 48,7% de la riqueza, mientras que el 50% más pobre controla apenas el 10% de la riqueza total. Le siguen en la ignominiosa escala de la desigualdad México y Perú. En el mundo, otros países con altísima desigualdad son Sudáfrica y Rusia.

Argentina se encuentra entre los países menos desiguales, por debajo del promedio continental y también mundial. El 1% de los más ricos posee el 25,6%. El país menos desigual de América es Cuba, y luego le siguen El Salvador, Ecuador, Canadá y Argentina.

El nuestro es un país que tiene históricamente una clase media bastante extendida, pero en la última década ha sufrido un achique como consecuencia del aumento de la pobreza, algo que también se verificó entre los años 1997 y 2002, en la crisis que signó el último tramo de la Convertibilidad y su posterior extinción. La concentración de la riqueza parece seguir con el actual Gobierno nacional una tendencia creciente, aunque para disponer de estadísticas oficiales precisas habrá que esperar.

La reducción de la desigualdad es materia de debate global, y de hecho es el número 10 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. “La desigualdad amenaza el desarrollo social y económico a largo plazo, frena la reducción de la pobreza y destruye el sentido de realización y autoestima de las personas. Esto, a su vez, puede resultar en delincuencia, enfermedades y degradación ambiental. Es imposible lograr un desarrollo sostenible y mejorar el planeta si se priva a la gente de la oportunidad de tener una vida mejor”, sostiene la ONU.

El mercado, sin regulaciones, no solamente no resuelve el problema de la desigualdad, sino que la genera de manera permanente. Los Estados deben diseñar y ejecutar políticas activas de reducción de la desigualdad a través de medidas redistributivas y la aplicación de un sistema tributario de carácter progresivo.

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