jueves 16 de mayo de 2024
El Mirador Político

El dengue derrota a la motosierra

Aparte de recomendaciones profilácticas sobre indumentaria, el ministro de Salud de la Nación, Mario Russo, deslizó en su debut ante la opinión pública, inducido por la escalada del dengue, una confesión.

“Faltó impulso los últimos años en la Argentina en la tarea fundamental para combatir el dengue, que es eliminar los huevos y eliminar los mosquitos. Tenemos que aprender de estos errores del pasado y a partir de ahora, tal cual lo estamos proponiendo, pensar para adelante, pero avanzar fuertemente en el tema de descacharreo, limpieza, en el caso de que corresponda fumigación si hay muchos mosquitos en el área. Me parece que es por ahí", se franqueó tras consignar los riesgos que implica el uso de pantalones cortos.

No es tranquilizador que al ministro de Salud “le parezca” conveniente algo que concierne específicamente a sus competencias funcionales, pero debe reconocérsele la honestidad intelectual. Si admite que la gestión del combate contra el dengue fue defectuosa en “los últimos años”, al punto que no se cumplió con “la tarea fundamental” de eliminar huevos y mosquitos, ¿cómo es que no tomó las previsiones pertinentes para salvar las omisiones de sus antecesores y al menos atenuar el impacto del flagelo?

Asumió en diciembre, en el inicio de la temporada más propicia para que el “Aedes aegypti” prospere, y tenía muy a mano precedentes para ocuparse.

El dengue apareció en la Argentina en 2009. El primer brote alarmante se produjo en el verano 2015-16, inicio de la gestión presidencial de Mauricio Macri.

La Organización Panamericana de la Salud registró en 2023 4 millones y medio de casos en el continente, de los cuales 7.600 fueron graves y unos 2.300 letales.

Que Salud haya sido uno de los ministerios que mantuvo su rango debería ser indicio de la importancia asignada por Javier Milei a sus funciones, pero el volumen alcanzado por el brote y la pobre respuesta ofrecida por la cartera a la crisis sanitaria impide corroborar tal presunción.

La reacción nacional es un intento de contener en el frente político el impacto anímico que produjo, en una sociedad con el recuerdo del COVID todavía muy fresco, la noticia de que el dengue se había cobrado más de 120 vidas y afectado a más de 180 mil personas.

Russo apareció para balbucear sus explicaciones y echarle la culpa a las gestiones anteriores cuando las recriminaciones a su mutismo se hicieron ensordecedoras.

Inmune a la motosierra, sin vínculos con castas, nidos de ratas y degenerados fiscales, el “Aedes aegypti” consiguió lo que la política no: marcarle a Milei los aspectos inconvenientes de la prédica antiestatal que fundamenta un recorte del gasto público brutal e indiscriminado.

Precariedad al desnudo

La escalada del dengue expone una capacidad de previsión y respuesta del aparato estatal muy perjudicada, cierto es, por años de conducciones decididas menos por la competencia de los funcionarios que por su filiación facciosa y la aptitud para la seducción cortesana. Los cuadros más solventes y experimentados en la gestión pública fueron desplazados por militantes conchabados.

Esta distorsión erosionó sin dudas la eficiencia del Estado, pero la única respuesta que se le ha ocurrido a la gestión Milei para comenzar a revertir tal situación ha sido estigmatizar a todos los agentes públicos como parásitos y avanzar en despidos que alcanzan las 15 mil personas y podrían llegar a las 70 mil, de acuerdo con lo que dijo el propio Presidente.

Esta animadversión hacia los empleados estatales, en algunos casos patológicos manifestada como odio, no impide acomodar acólitos, parientes y afectos como el hermano del entusiasta vocero presidencial Manuel Adorni, Francisco, que cobrará un sueldo de 4 millones de pesos como asesor en el Ministerio de Defensa.

Detalles como el de los “Adorni Brothers” marcan la inexistencia de criterios, en el gobierno de los “Milei Brothers”,tendientes a mejorar el desempeño del Estado más allá de la reducción de planillas salariales para que las alquimias financieras le cierren al ministro de Economía Luis “Toto” Caputo.

Sin advertir que desnudaba esta deficiencia al mismo tiempo que la hipocresía de la inquietud que caracterizados oficialistas catamarqueños manifestaban por los despidos nacionales, el presidente del bloque de diputados libertarios, Adrián Brizuela, subrayó que en la ANSES el ajuste recae sobre los contratados a los que no se les renuevan los contratos, mientras quedan a salvo los afligidos jerarcas que tuvieron la previsión de asegurarse la planta permanente antes de emigrar a bancas legislativas, intendencias o cargos en el Poder Ejecutivo provincial. Para esa casta no hay motosierra y siempre contarán con la alternativa de regresar al sueldo si la suerte política les da la espalda.

La denostada casta se recicla, sus víctimas quedaron a la intemperie.

Carencias

La proliferación del dengue expuso la precariedad de una gestión circunscripta obsesivamente al equilibrio fiscal. La enfermedad subraya unas limitaciones conceptuales tan enfáticas que han llevado hacia el cuadrante izquierdo ideológico al FMI, cuyos funcionarios advierten con insistencia para nada casual sobre el riesgo de dejar desguarnecidos los flancos sociales y políticos del programa económico.

Milei es emergente de un derrumbe lindante con terminal de la legitimidad del sistema político. Fue la opción que eligió una sociedad frustrada y deprimida. Ése, antes que la solvencia para maniobrar en las redes sociales, es el factor determinante de su vertiginoso ascenso y su inesperado mandato. De allí se desprenden los desafíos a su gestión, el mandato del electorado: recuperar la credibilidad del país no depende solo de que las cuentas cierren, sino también de que se estabilice el sistema político e institucional.

El libertario llegó sin equipos. Es una carencia que requiere solución. A esta altura, es evidente que no se sorteará solo con diatribas y dislates.

La precariedad del aparato estatal denunciada por el dengue se proyecta sobre todos los aspectos de una gestión que hasta ahora solo puede exhibir dibujos contables de corto alcance, espejismos, mientras todos los indicadores sociales y económicos se desploman.

A cuatro meses de gobierno, la competencia de Caputo para las gambetas financieras quedó tan demostrada como su insuficiencia para desandar el camino de la decadencia nacional. Falta el inmenso resto.

Al Ministerio de Salud lo desenmascaró el dengue. Principio de revelación, en la jerga de Milei.

¿Cuántas revelaciones faltan para que la gestión libertaria amplíe el ángulo de su perspectiva? Porque la pauperización avanza, la economía no se reactiva y los insumos simbólicos para seguir recostándose en la herencia recibida se agotan, mientras se aproxima el golpe de los tarifazos.

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