martes 27 de febrero de 2024
Editorial

El consenso es posible

En menos de una semana se cumplirán 40 años de las elecciones que consagraron como presidente de la Nación a Raúl Alfonsín...

En menos de una semana se cumplirán 40 años de las elecciones que consagraron como presidente de la Nación a Raúl Alfonsín. Argentina volvía a elegir democráticamente a sus gobernantes luego de más de siete años de dictadura militar. Y desde entonces la democracia -imperfecta, con muchas restricciones para solucionar los problemas estructurales del país- se mantiene como una forma de gobierno pero también como un estilo de vida elegidos por la inmensa mayoría de los argentinos.

Las dificultades que se han advertido en estas últimas cuatro décadas no son atribuibles a la democracia sino, contrariamente, a la falta de ella. Y no deben hacer olvidar que los gobiernos dictatoriales no solamente son ilegítimos y autoritarios sino también incapaces de resolver los problemas con un sentido de equidad, justicia y sana convivencia. El balance de los resultados de las políticas implementadas por el autotitulado Proceso de Reorganización Nacional es francamente deficitario. De modo que la tentación de idealizar a la dictadura por las carencias de los gobiernos que se han sucedido desde 1983 a la fecha es una aberración tanto desde la perspectiva de sus componentes totalitarios como desde el punto de vista de su incapacidad para generar políticas satisfactorias para el bienestar general.

Sería muy interesante indagar acerca de cuánto influyó en el deterioro de las chances electorales de La Libertad Avanza, verificado en los comicios del domingo, su cercanía con discursos que reivindican a los jerarcas de la última dictadura militar o su alianza con dirigentes vinculados directamente con el régimen genocida.

En su discurso de ayer luego de conocidos los resultados electorales, Sergio Massa aludió al "fin de la grieta política", que desde hace años divide a kirchneristas de antikirchneristas. El tono conciliador ensayado es funcional a los intereses de Unión por la Patria, que necesita contar con los votos de por lo menos el sector más progresista del radicalismo para vencer a Milei en el balotaje. Pero además establece una diferenciación clara con los discursos excesivamente confrontativos practicados tanto por el dirigente libertario como por la candidata de Juntos por el Cambio, Patricia Bullrich, centrados en “la casta” o en “el kirchnerismo”, respectivamente.

Tal vez una lectura adecuada del resultado de los comicios del domingo debería focalizarse en la gravitación negativa que tienen para una sector importante de la sociedad estos discursos que se centran más en agredir al adversario, al que identifican como "enemigo", que en exhibir sus propuestas de gestión.

Las cuatro décadas de democracia han dejado múltiples enseñanzas. Entre ellas, que el consenso en temas estratégicos siempre es posible y que las diferencias de proyectos políticos deben encauzarse en una competencia que no dañe la convivencia, sino que pueda zanjarse en el terreno del debate constructivo, en el cotejo de ideas y se dirima finalmente libremente en las urnas.

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