sábado 21 de marzo de 2026
Editorial

El camino es el diálogo y la contención

En el informe recientemente presentado por el Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC), se advierte un dato revelador: el año pasado en Argentina el número de suicidios fue superior a la cantidad de homicidios dolosos y de muertos como consecuencia de accidente de tránsito. Se registraron 4.195 suicidios, 2.046 homicidios dolosos y 3.955 fallecidos en siniestros viales.

El número de personas que decidió quitarse la vida –siempre según el mencionado informe- fue el año pasado un 6% más que en 2022. La tendencia es creciente no solamente en nuestro país, sino también a nivel mundial. Según las estadísticas de la Organización Panamericana de la Salud, en América el suicidio es la tercera causa de muerte entre jóvenes de 20 a 25 años. Y de acuerdo con estudios de la Organización Mundial de la Salud, la depresión será la primera causa de enfermedad para el año 2050 a nivel global.

Este estudio se viene realizando desde 2014 y hasta 2019 la cantidad de muertos en accidentes era superior al de suicidios. Al parecer, la pandemia, que comenzó en 2020, gravitó fuertemente para el quiebre de la tendencia. El aislamiento obligatorio y la muerte de seres queridos fueron factores que agudizaron un problema que ya venía creciendo, sobre todo entre la población adolescente.

Los adolescentes que se quitaron la vida el año pasado fueron 394, contra 369 del 2022. Los especialistas, sin embargo, coinciden en que hay un subregistro, esto es, que no todos los suicidios se notifican como tal. En muchas oportunidades los fallecimientos son en centros de salud y el informe sobre las causas de la muerte se registran detalles médicos, pero no siempre que las lesiones sufridas fueron autoproducidas. El señalamiento correcto solo ocurre si hay una intervención policial o judicial en el deceso.

El abordaje profesional de este tipo de temas es crucial. Y lo más aconsejable, según los que más han estudiado el tema y siempre hablando de la población joven, es hablar, no escapar de los problemas con la salida aparentemente más fácil del silencio, porque lo que verdaderamente puede prevenir es poder verbalizar la angustia.

Javier Quesada, especialista en Desarrollo infantil temprano y Salud de Unicef, reflexionó al respecto, en un artículo publicado por el portal de noticia tiempoar.com.ar: “En el caso de los chicos, hablar de estos temas ayuda a prevenir. Nuestra intención es siempre poner visibilidad sobre los temas que están invisibles, para que puedan decir lo que les pasa, lo que sienten. Transmitir un poco las sensaciones, los padecimientos, la tristeza, esas situaciones que van viviendo cotidianamente y pueden ser factores de riesgo”.

Además de hablar del tema, lo que corresponde es evitar naturalizar los problemas y estigmatizar a quienes padecen depresión y, sobre todo, a quienes han tenido ya intentos de acabar con su vida. El camino es el diálogo y la contención.

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