En el sur, donde nuestro país se une con Chile y las inmensas extensiones son islas robustecidas de fiordos atrapadas entre el Pacífico y el Atlántico, hubo dos sucesos colonialistas, señales reveladoras de la conquista, la crueldad y el despojo de la identidad.
Una de las historias tiene como protagonista al joven indígena Jemmy Button, perteneciente a la tribu nómade de los Kawéskar o Alacalufes, caoneros, dedicados a la caza marina de la Patagonia Chilena. Habitaban desde el sur de los Chonos, archipiélago que recibe el mismo nombre que el pueblo nómade, hasta el Estrecho de Magallanes, incluyendo la Península de Brunswick y grandes islas patagónicas.
Cuenta Charles Darwin, en su obra “Diario de Viaje de un naturalista alrededor del mundo”, que en los años 1826 al 1830 el capitán Fitz Roy se apoderó de unos cuantos naturales como rehenes, contrariado quizás por la pérdida de un bote que habían robado y los llevó a Inglaterra. En ese grupo estaba un niño, al que compró por un botón de nácar, conocido después bajo el nombre Jemmy Button. Según Darwin, la idea de Fitz Roy era educarlos e instituirlos en su religión, para luego restituirlos a su país.
El explorador marino emprendió un viaje en la conocida nave inglesa HMS. Junto al joven viajaban otros indígenas. A Jemmy, lo vistieron a la usanza inglesa, traje y zapatos y hasta aprendió a hablar un inglés rudimentario. Fue presentado a la sociedad y al rey Guillermo IV. Su nombre original era Orundellico y mientras residió en Inglaterra vestía a la moda. Era un personaje grotesco, llevaba un bombín, zapatos, el pelo cortado, guantes y se miraba con frecuencia al espejo.
Luego de unos años, el bergantín Beagle regresa a las tierras fueguinas, trayendo entre sus tripulantes a Button. Así, llegan a Wulaia, donde el joven indígena se encuentra con su familia y le prometen a Button que lo buscarían en su próximo viaje.
Este suceso, que muestra el intercambio de una persona por un botón de nácar, fue llevado como una gran metáfora al cine por el chileno Patricio Guzmán, en la producción de la película “El botón de Nácar”, donde relata la importancia del agua que rodea su país, en busca de su identidad, mostrando dos hechos; la barbarie como despojo en la persecución de los indígenas y el genocidio de Pinochet. ¿Unidos por un botón? Sí. El director de cine, entrelaza el despojo provocado por los colonizadores ingleses con el genocidio de Pinochet.
Nuestra existencia es la historia de sucesivas colonizaciones en todo el planeta, que han ido evolucionando bajo distintas formas de dominio. Nuestra existencia es la historia de sucesivas colonizaciones en todo el planeta, que han ido evolucionando bajo distintas formas de dominio.
Un botón encontrado en las profundidades del mar en un riel, desata la verdad de ciudadanos chilenos que eran arrojados desde helicópteros por la dictadura de Pinochet. El 18 enero 2024, Página 12 publica la exhibición que se realizaba en Chile con restos de un riel, usado en los vuelos de la muerte: “Atados a pedazos de hierro, los cuerpos eran arrojados al mar”. En el Museo de la Memoria de Santiago, se exhibía un trozo de metal de unos 110 cm, cubierto de moluscos, que fue recuperado del fondo marino chileno. Los cuerpos –se supone- eran amarrados a rieles.
Otra de las historias más tristes de la Patagonia fue sin duda “La Jaula de los Onas”, narrada por Carlos Gamerro. Cuenta que en 1889, cuando se inauguraba La Torre Eiffel, se levantaron pabellones para una exposición Universal. En uno de ellos se exhibían nueve indígenas semidesnudos cubiertos de pieles. Eran los selk’nam u onas y los kawéskar o alacalufes, a los que le daban de comer carne cruda. Con el paso de los días, los indios lograron escapar una noche en que la puerta quedó mal cerrada y se dispersaron por el predio de la Exposición. Sobre la exhibición en Paris hay varias versiones –según Gamerro- obviamente, todas historias teñidas de sangre y persecución, sobre quién y/o quiénes capturaron a los nativos. Una narrada en “La Patagonia Trágica“ de José María Borrero, culpando a los estancieros. Otra, consigna el nombre de un ballenero responsable de origen belga o francés, Maurice Maître, entre otras interpretaciones.
Lo cierto y contundente es que los selk’nam fueron mostrados al mundo como “curiosidades”, tratados como antropófagos, un zoológico humano. Los selk´nam u onas se caracterizan por la pintura de sus cuerpos, utilizaban el color blanco, rojo y negro, descriptos en sus ensayos, por Martín Gusinde e Hipólito Bolcatto, en distintos rituales, fotografía que acompaño a modo de ejemplo y que merece por su singularidad otro capítulo.
Es importante destacar la labor de Anne Chapman, antropóloga franco-estadounidense, cuyas obras incluyen investigaciones fundamentales sobre los pueblos indígenas de Tierra del Fuego (selk'nam y yaganes), muy conocida por su libro “Fin de un Mundo”. La antropóloga, viaja por primera vez a Tierra del Fuego en 1964 y comienza su vinculación con descendientes de los Selk´nam, en especial con Lola Kiepja, residente en una reserva cercana al Lago Fagnano. En 1967, Chapman se puso en contacto con Angela Loij. Ambas trasmitieron a Chapman una inagotable fuente de conocimiento.
La historia del brutal exterminio selk´man, fue plasmada en un documental, “Vuelvo donde nunca estuve”, dirigido por Constanza Vásquez Palau y Andrés Morales Zambra, que cuenta lo que sucedió en 1895, cuando alrededor de 160 personas fueron capturadas y trasladadas a Punta Arenas, siendo exhibidas, subastadas y separadas de sus familias. Se dice que, grandes compañías ovejeras llegaron a pagar una libra esterlina por cada selk'nam muerto, lo que era confirmado presentando manos u orejas (relatos crudos, también comentados en “La Jaula de los Onas” por Gamerro). Las tribus del norte fueron las primeras afectadas, iniciándose una oleada migratoria al extremo sur de la isla para escapar a las masacres.
Nuestra existencia es la historia de sucesivas colonizaciones en todo el planeta, que han ido evolucionando bajo distintas formas de dominio. Asistimos hoy a la composición de ideólogos, CEOS de la tecnología digital en un nuevo orden mundial y donde la extranjerización de tierras oculta oscuros intereses en el saqueo de bienes comunes de la naturaleza con la creación de enclaves coloniales.