lunes 19 de febrero de 2024
Editorial

El abordaje debe ser integral

La dramática situación que viven los niños que se encuentran en la Casa Cuna revela un drama social que existe desde hace mucho tiempo y que no siempre es tema de debate entre los actores con responsabilidad en la problemática y con las herramientas para adoptar medidas que permitan encontrar las respuestas institucionales que son imprescindibles. Ese debate debe empezar a generarse y desde una perspectiva amplia, que no se reduzca a la consideración de los casos como aislados, fuera de un contexto social que los produce masivamente.

Tal como lo informó El Ancasti en la edición de ayer, muchos de los niños y las niñas que se encuentran en la Casa Cuna no pueden ser restituidos a sus padres biológicos debido a que la Justicia advierte que estas personas no estarían en condiciones de cuidarlos, producto principalmente de serios problemas con las adicciones. Un problema adicional es que los familiares de los pequeños, que podrían retirarlos y asumir la responsabilidad de cuidarlos en el seno de una familia, no quieren o no pueden hacerlo. Los chicos permanecen, entonces, institucionalizados, cuidados, vestidos y alimentados, pero sin la contención afectiva permanente que solo una familia puede dar.

Algunos de los pequeños arriban a la Casa Cuna porque sus padres no pueden cuidarlos, pero tampoco renuncian a su rol. Aguardan que, una vez superada la problemática que les impide asumir esa responsabilidad –como se dijo, las adicciones principalmente, pero también otras situaciones- puedan recuperarlos. Otros, en cambio, llegan porque sus padres optan por darlos en adopción.

Es importante destacar lo que señala Catalina Musetti, directora de Casa Cuna. La pobreza condiciona, dificulta la crianza de los niños y las niñas, pero no es un factor que por sí solo pueda ser determinante para la institucionalización. “Los niños pueden tener muchas carencias económicas, pero está el cuidado, la atención, las herramientas que tengan. El tema es cuando ese niño se pone en riesgo, la violencia que cada vez recrudece más sobre los niños, cuestiones de salud no atendidas, son esos factores los que en realidad miramos”, explica.

El abordaje debe ser integral. No basta con una tarea eficiente del personal de la Casa Cuna, ni que se activen con eficacia los mecanismos que permitan que algunos de los chicos puedan ser adoptados. Son acciones meritorias pero lógicamente limitadas. Existe una grave problemática social que se vincula con el crecimiento de la pobreza y con el consumo problemático de drogas y alcohol, que muchas veces es incompatible con el sostenimiento de una vida familiar.

De modo que deben articularse políticas que tiendan a generar respuestas institucionales a la situación de los chicos que quedan desamparados, alejados de sus familias. Pero también otras de orden estratégico para prevenir las causas que las provocan. Y no es con un Estado ausente como se logra ese objetivo.

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