lunes 19 de septiembre de 2022

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Editorial

Educación especial: el desafío de la inclusión

La Educación Especial ha ido transformándose en la Argentina desde que diera sus primeros...

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10 de agosto de 2022 - 00:15

La Educación Especial ha ido transformándose en la Argentina desde que diera sus primeros pasos informalmente y, también luego de su institucionalización a partir de la creación, en 1949, de la Dirección de Educación Especial en el ámbito nacional. A raíz de este acontecimiento, ocurrido el 9 de agosto, es que ese día de cada año se celebra en el país el Día de la Educación Especial.

La mutación del concepto de Educación Especial se vincula con la necesidad de lograr una escuela más integradora e inclusiva, capaz de contener a todos los sectores de la sociedad. En el trayecto que va desde los inicios de la Educación Especial a la actualidad, las personas con discapacidad han sido consideradas, a diferencia de lo que ocurría hace un siglo, como Sujetos de Derechos.

La educación tradicional segregaba a las personas que sufrían una discapacidad. La integración en escuelas comunes eran la excepción y no la regla. La moderna concepción, en cambio, propicia la inclusión, que es un paso más que la integración. Mientras la integración promueve que los chicos con alguna discapacidad vayan a escuelas comunes pero con actividades propias y diferenciadas del resto, la inclusión procura que todos compartan el mismo ámbito. Se centra, en consecuencia, en el ambiente y no en el sujeto. Si algún estudiante tiene alguna dificultad, lo que hay que modificar es el ambiente: en el proceso de inclusión se realizan ajustes al ámbito donde se desarrolla el acto educativo, como mejorar la accesibilidad para usuarios de sillas de ruedas, utilizar textos en lectura fácil para personas con discapacidad intelectual, o generar audiodescripción de videos para personas con discapacidad visual, por citar solo algunos ejemplos.

Es decir, en el nuevo modelo de educación, que no está del todo instalado en la Argentina ni en Catamarca pero que avanza sin pausa en el camino correcto de la inclusión, los alumnos con necesidades educativas especiales comparten ámbito y actividades con el resto de los compañeros.

El cambio constituye un desafío que no es fácil de cumplir. Elva Gabriela Rosel, Especialista en Educación Especial y Derechos Humanos, señala que “la tarea es titánica, vivimos en una sociedad que profundiza situaciones de desigualdad, una sociedad que se tensiona constantemente entre el marco normativo de ampliación de Derechos y las prácticas segregadoras, patologizantes, estigmatizantes y discriminatorias, que conforman y retroalimentan los procesos de invisibilización y exclusión, no solo hacia la discapacidad, también hacia la pobreza, las minorías interculturales y demás dimensiones que estructuran e interseccionalizan las desigualdades existentes”.

La educación inclusiva, sostienen los expertos, tiene un doble beneficio: para los alumnos especiales, que dejan de sufrir exclusión y discriminación negativa, pero también para el resto de los estudiantes, que aprenden pautas de conductas relacionadas con la tolerancia, la comprensión y la empatía.

De modo que la ruptura del modelo tradicional y dual, con un sistema regular y otro especial, para implementar un modelo que incluye es un avance concreto e indiscutible para construir una sociedad democrática, participativa, justa y con menos discriminación.

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