miércoles 1 de abril de 2026
Análisis

Economía y desarrollo sin referencias morales

Por Rodolfo Schweizer- Especial para El Ancasti-Febrero 2023

Quizás para un economista argentino estas líneas resulten extrañas. Pero, si se considera que desde 1946, cuando Ramon A. Cereijo como ministro de hacienda manejaba la economía, hasta la fecha en que está a cargo de Sergio Massa la economía pasó por las manos de 64 “expertos”, con los resultados desastrosos a la vista de todos, creemos que vale la pena una reflexión sobre la calidad moral de su manejo en el devenir de nuestro país. Aclaramos que dejamos de lado a los otros 63 economistas que desde Mariano Fragueiro en 1854 se sucedieron hasta 1946, para no cansar al lector.

Permítasenos aclarar de entrada que difícilmente haya una frustración más grande que la de intentar explicar por escrito algo que se explica a si mismo con simplemente ir al mercado a comprar un kilo de pan todos los días. Pero, contrario a lo que algún lector puede esperar, no intentamos aquí ensañarnos con los 129 individuos que bajo distintas denominaciones burocráticas manejaron la economía por 168 años, sino en preguntarnos de qué forma nosotros mismos, como sociedad, generamos el espacio necesario para que esta situación se diera y se siga dando.

Dejando de lado a los responsables directos o indirectos de ello, creemos que la involuntaria participación de un ciudadano común en esta debacle se debe a dos razones. La primera por el desconocimiento personal y social de cómo funciona el mundo de hoy, especialmente la economía y los laberintos y prácticas que ésta crea, para limitarla en su alcance solamente a la generación de ganancias a cualquier costo, apoyándose, por supuesto, en teorías académicas que, en nuestro caso, nunca acertaron con sus propuestas y soluciones.

La segunda, más simple y directa, a la pérdida de referencias morales y éticas en todas las actividades económicas que nos convocan por necesidad u obligación.Por referencia moral entendemos aquí las normas de comportamiento que guían a las personas desde su cultura y creencias en su accionar diario, obviamente para hacer el bien y no el mal. Por ético nos referimos aquí a los principios absolutos y universales, independientes de la cultura, que nosinducen a hacer el bien desde la solidaridad hacia los demás.

Los problemas con la economía

Creemos no equivocarnos si decimos que lo económico, como acto comercial, productivo, financiero, personal o de gobierno, va perdiendo su referencia humana, es decir su referencia moral, con el simple fin de servir a la acumulación de ganancias a cualquier costo. La falla está en su nueva concepción, que la ha transformado de una actividad lícita para servir a la sociedad, a un mero mecanismo para maximizar ganancias. Pero, lo peor de todo es que esta perspectiva se trasladó al plano político, con el fin de favorecer intereses ligados a la política, lo cual terminó creando graves imbalances sociales y crisis por las cuales la misma sociedad terminó pagando un alto precio. La realidad actual de nuestro país,con la sucesión de crisis en estos últimos 75 años, demuestra con creces el mal uso que se le dio a esta disciplina, desde la cual nunca ningún ministro de economía pudo darle al país un futuro sin sobresaltos. Que hoy, 2023, casi un 50 % de la población viva en la pobreza demuestra sin atenuantes que todas las teorías aplicadas a lo largo del tiempo han fracasado, al margen de las ideologías, partidos políticos o dictadores, hombres o mujeres, que se turnaron en el poder.

Origen del problema

El problema empieza a nivel personal, con el equivocado convencimiento del mismo individuo, hombre o mujer, que cree que él solo es el autor de sí mismo. Ambos pasan por alto que su existencia y logros de vida fueron posibles porque al momento de nacer y crecer encontraron alrededor de sí mismos una sociedad formada, con sus virtudes y defectos, por la cual no pagaron derecho de autor. Al no darse cuenta de esto, en el caso de haber logrado una estabilidad económica y un buen pasar, se han dejado llevar por la idea de creerse autosuficientes ante la vida y a creer que la felicidad es una expresión inmanente de la prosperidad material. Creen que, como les fue bien en la vida, la economía de la cual se beneficiaron debe ser autónoma, libre y exenta de influencias morales y éticas. Como no podía ser de otra manera, esta concepción personal del éxito, muy común en la sociedad, se la llevó en un segundo paso al plano político, para impulsar desde el poder teorías o procesos macroeconómicos que han terminado afectando a todos, generando en su delirio mayor pobreza y desesperanza en toda la sociedad.

Creemos que esa deformada percepción de la realidad, de confundir lo micro con lo macro, desgraciadamente permea todo el escenario en el cual se desarrolla la actividad económica en nuestro país, marcándolo con graves distorsiones y fracasos que están a la vista. Como lo dijimos más arriba, una de las tantas y nefastas consecuencias de esa visión es la idea generalizada de que una inversión solo debe responder al interés del inversor, privándola así del valor social que ella desempeña a través de la generación de empleo, por ejemplo.

Aquí no terminan los males. Como es de intuir, el hecho de que en la mayoría de los casos la inversión provenga de fuentes externas al país y abarque múltiples territorios, aumenta los problemas al poner el control y manejo de los emprendimientos productivos en manos de gente totalmente desconectada de la realidad local, que no asume responsabilidades acerca del futuro de las comunidades afectadas por la explotación de un recurso.

Desgraciadamente, es poco lo que se puede hacer ante esta realidad. Hoy por hoy, una inversión externa no pasa de un acto financiero, privado de consideraciones morales o éticas. Es una inversión más entre tantas. Es más, se asume con un poco de razón desde el lado del inversor externo que la pobreza y el subdesarrollo son situaciones aleatorias en la cual nada tienen que ver históricamente; que la necesidad es una disfunción natural del sistema ante la cual solo queda aguantar y aprovecharla. Este es el mundillo en el que nuestros países están metidos, hasta que los recursos se acaben.

Pero del lado local la visión no es mejor. Se deja de lado la idea de que el sistema económico se beneficiaría mucho más si se promocionara la emancipación del individuo de las relaciones de dependencia creadas por su entorno, con el fin de tenerlo sometido por la necesidad. No se quiere generar un modelo de individuo que se vea a sí mismo como creador de sí mismo y de la riqueza, sino un sometido por su destino de pobre. Que el peón, empleado hoy en la mina o la agricultura, continúe mañana ya como peón desocupado y dependiente cuando el trabajo se acabe por agotamiento del recurso. Pero, si a los que manejan el futuro a nivel local no les interesa cambiar esta situación, ¿por qué ha de importarle a una empresa extranjera que viene por unos pocos años?

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El mercado

Quizás el concepto de lo que se entiende por mercado sea el mejor ejemplo de cómo se tergiversan ciertos términos económicos con el fin de darles un alcance que no lo tiene. Así como lo económico no es inherentemente bueno o malo como actividad, el mercado como concepto, tampoco lo es. Pero, esto no quiere decir que en la práctica se desarrolle en estado puro. Ambos dependen del contenido que la configuración cultural de la sociedad le dé, o sea de la dirección que ella le imponga a través de sus valores morales o, eventualmente, se le imponga legalmente.

Uno de los problemas con el termino es su endiosamiento, amparado matemáticamente en lo que los académicos llaman la “economía de mercado”, con el fin de darle respetabilidad. Se pasa por alto que la demanda implicada en la palabra “mercado”, puede ser manipulada con el único fin de incrementar ganancias y mantener al sistema económico funcionando dentro de una dinámica decrecimiento que a la larga es insustentable, pero productiva en el corto plazo.

Esta misma tergiversación de significados se da con la naturaleza, transformada ahora en “recurso”, abierta a lo que veng acon tal que de ganancias en el corto plazo. Se deja de lado que la naturaleza es algo intrínseco del universo y no una simple dispensadora de materia prima; que sin ella y su funcionalidad, nuestra vida sería imposible. Esta visión utilitaria de la naturaleza pasa por alto que ella tiene sus propias leyes que, de violarse, no solamente nos pueden llevar a un desastre, sino también poner en peligro el propio desarrollo humano, al arruinar un espacio geográfico.

El procedimiento para degradarla y transformarla en un bien comercial es simple. Los interesados la reducen a una mera colección de datos técnicos, a los cuales trata de imponerles un dominio tecnológico, con fines consumistas y financieros. Para empeorar las cosas, del otro lado están los gobernantes necesitados de fondos para promover sus agendas políticas también a corto plazo, concediendo derechos irracionales de explotación que a la larga tiene su costo social.

Como es de imaginar, esta violencia ambiental generada por la ausencia de principios morales en el contexto social donde se dan las inversiones, termina afectando a la larga a la propia gente que vive en la zona de los emprendimientos. Esto se vio a lo largo de los últimos 30 años con la producción de soja, que expulsó del campo a millones de peones rurales, a los cuales el sistema económico y el estado no supieron ni tuvieron como absorber. Esto sin contar los daños al medio ambiente, por los cuales nadie si hizo responsable.

Algo parecido se da actualmente con la actividad minera en general y el litio en particular en el NOA, donde se sacrifica la vegetación, la fauna y a los mismos pobladores a los intereses de las multinacionales del litio y a las necesidades financieras de un estado sin planificación de largo plazo y sin un modelo de desarrollo. Aquí conviene aclarar que la salida a esto no es impedir la minería, sino imponer al uso de un recurso natural un criterio moral de explotación que no vulnere la naturaleza local ni los medios de vida de las comunidades andinas. Tal como están dadas las cosas actualmente, las generaciones futuras pagarán con su propia salud las consecuencias del manejo sin referencias morales que hoy se da a estas actividades.

La globalización

La globalización ha cambiado las reglas de juego en lo económico. Hoy, bajo su bandera la explotación de los recursos naturales ha superado las fronteras nacionales. Dado que la internacionalización de la economía ahora abarca a todo el mundo, esto ha causado que se vea tal proceso en términos fatalísticos; como si su dinámica fuera el producto de fuerzas impersonales que no se sabe dónde están. Se pasa por alto que es solamente un proceso socio-económico con múltiples dimensiones que, de saberlas usar, podría beneficiar a todo el mundo. De como se lo encare, depende la moralidad de nuestras acciones.

Las consecuencias de la globalización pueden ser buenas o malas. Llevarla adelante depende de la voluntad de los pueblos y, por lo tanto, no tiene un carácter determinista. Depende del uso que se le dé. Si se lo dirige bien, puede ayudar a desarrollar un proceso mundial de redistribución de la riqueza. Si se lo dirige mal, puede aumentar la pobreza y la desigualdad social, llevando a la sociedad a una crisis.

Lamentablemente, a pesar de todos los progresos tecnológicos de la sociedad moderna, los recursos que la globalización ha puesto sobre la mesa han caído en manos de compañías ligadas financieramente, en algunos casos, al mundo desarrollado, y en otros a países emergentes con ansias de expansión. Del lado interno las cosas no han sido mejores, porque del lado de aquí se tiene a nuestros países subdesarrollados, desesperados por acceder a fondos derivados de las inversiones internacionales, no para cambiar la relación de dependencia a futuro desarrollando el conocimiento, generando de paso una persona libre de ataduras económicas, sino para mantener un estatus quo de dependencia del individuo. Cambiar el carácter exclusivamente financiero de esta relación para encuadrarla en un marco de mutua colaboración sin dañar el medio ambiente y a la población es lo mínimo que se debe plantear la sociedad local, para darle un destino moral y ético a esas inversiones.

Si se tuviera un real interés en esto, se podría aprovechar una de las mayores contribuciones que la globalización ha hecho hasta ahora, cual es la de haber aumentado la interconectividad entre las sociedades que habitan el planeta, para impulsar un desarrollo solidario que supere las fronteras. Otro es el económico, aumentando los intercambios comerciales y la complementariedad de las economías. El proyecto del Corredor Bioceánico en nuestra región es un ejemplo de esos nuevos aspectos que la globalización como fenómeno puede favorecer, si se lo usa para integrar el sur del Brasil con el Pacifico a través de nuestro país, que también encontraría una vía alternativa para integrarse mas directamente a la economía asiática.

Finalmente, aunque no el ultimo, está el tema ambiental desde el punto de vista de la globalización. La forma como la humanidad trata al medio ambiente revela la forma como se trata a sí misma y viceversa. La naturaleza, en esta era de la globalización,está hoy tan integrada en la dinámica de la sociedad mundial, al punto que ya no constituye una variable independiente. Por el contrario, quizás sea la que más paga por el proceso. Lo demuestra la Amazonia en Brasil. Sin temor a equivocarnos, creemos que nadie en su sano juicio puede afirmar que la destrucción de la Amazonia en Brasil, no tendrá consecuencias catastróficas para Sudamérica, especialmente para nuestro país en la cuenca del Paraná, que es por donde sale el 80% de la producción de soja. De secarse el Paraná o de bajar un par de metros más el nivel de sus aguas, nuestro país se puede quedar sin el principal ingreso de divisas que tiene como nación.

Lo mismo, aunque en otra dimensión, se da en nuestra región si no se desarrollan otras metodologías para obtener el mineral de litio, que no sea a través del bombeo de salmuera desde la base de los salares andinos. Actualmente se necesitan 2.000.000 de litros de agua salada, salmuera o brine para conseguir 1 Tonelada de carbonato de litio. El problema es que en esa agua salada también está mezclada el agua fresca de las napas y los ríos cordilleranos que se filtran hacia abajo y salen con la salmuera, dejando por arriba sin agua a la vegetación que alimenta a la fauna andina y a la gente que vive de ellos. Las referencias morales de las que aquí hablamos, ausentes sin aviso en ese proceso.Si no hay respeto por una ecología medioambiental, tampoco lo habrá por una ecología humana.

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Conclusion

Cambiar la perspectiva utilitaria que se aplica sobre la economía demanda que los proyectos que se llevan a cabo en nombre del progreso a bordo de la globalización no sean auto referenciales yal servicio exclusivo del capital. Mucho menos al servicio de inversiones ligadas a la expansión de influencias políticas expansionistas. La única forma de lograr esto es si se impone a las inversiones también una condición moral a sus operaciones, con el fin de acotar los daños a la naturaleza y a los residentes locales. Si este respeto se concreta con transparencia y honestidad, el beneficiario de todo esto será la humanidad y el planeta, nuestra única patria en común.

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