sábado 25 de mayo de 2024
Escritores catamarqueños por autores catamarqueños

Dolores Dellatorre, una elegía y una esperanza

Esperanza Acuña

Oriunda de la vecina provincia de Tucumán, Dolores Dellatorre se radicó en Catamarca, donde conformó su familia y desarrolló su carrera artística desplegando sus alas en el universo de la poesía, la pintura, la docencia y el altruismo.

Fue socia fundadora y primera presidenta del Rotary Club Catamarca Catedral, institución de servicio enteramente conformado por mujeres de nuestra Ciudad Capital, en donde desplegó sus mejores artes filantrópicas.

Fue asimismo delegada del Fondo Nacional de las Artes y directora de la Escuela de Artes Plásticas.

Como docente de la Escuela de Artes Plásticas “Maestro Roberto Gray”, tuvo un singular desempeño por la manera en que transmitía la disciplina artística. Entregó sus conocimientos y experiencias en el arte de manera didáctica y con una profunda pasión. Pero Dolores Dellatorre no sólo formó artistas en artes plásticas y visuales, sino que fue una poeta sensible, una adelantada a su época y a los avatares de su tiempo. Fue una maestra responsable, formal, de una proficua cultura universal, vocación de entrega y total devoción por sus discípulos. Aún hoy su impronta se deja ver en las pinturas y dibujos de muchos de sus alumnos.

Participó de numerosos concursos y salones de poesía y poesía ilustrada a lo largo y ancho de nuestro país. Entre sus publicaciones podemos destacar “Poemas”, editado y publicado por el diario La Unión en el año 1965. Su segundo poemario, “Después del Paraíso”, en 1977, fue publicado por Ediciones Tiempo de hoy de la ciudad de Buenos Aires. El tercero y último, “Indagaciones”, del año 1996, fue publicado por la Universidad Nacional de Catamarca y fue el primer libro de la Serie Creadores. Su hija Beatriz atesora una innumerable cantidad de poemas inéditos que revelan su crecimiento personal, intelectual y poético.

Al decir de Juan Carlos Nigro, contratapa del poemario Después del Paraíso, “… la versatilidad de su pensamiento creador se funda en una necesidad de diversificar su imperativo de expresión...”.

Su postura ante el hecho artístico mostraba de manera contundente diferentes estructuras subjetivas que potenciaban los aspectos vivenciales del horizonte estético individual y su fuerza creadora. En su poesía se refleja ese exquisito universo interior que poseía, en el que el ámbito de la realidad y las elucubraciones oníricas se confunden en subjetivos mensajes.

Escribe: “Estoy tan bien así, / tendida sobre la tierra mansa…/ Oigo en todo mi cuerpo/ su latido/… y cierro los ojos. / Se me salen raíces de los dedos,/ y penetran en su negrura cálida”.

¿Cómo separar su arte visual de su obra poética? Me animo a decir que es inadmisible.

Su obra poética deja entrever lecturas de autores europeos que ciertamente influyeron en sus versos y sentires. Así, Camus, Sartre, Unamuno, Kierkegaard y la problemática de sus posturas filosóficas se leen entre sus decires. “Historia es esta de mil pequeñas muertes cotidianas, historia del despojarse para enriquecerse, extraña manera por la cual renacemos tras de la claudicación y surgimos incólumes del tajo sangrante”.

Su poesía, en palabras de la Lic. María Rosa Calás de Clark, pertenece al neorromanticismo en una primera etapa, aunque puede considerársela como perteneciente a la corriente existencialista que tanto influyó en nuestra literatura y en la pintura. Parte de su problemática, a saber, la decisión, el compromiso, la libertad, el hacerse a sí misma, estar en el mundo, la finitud de la existencia y tantos otros temas le preocupaban y ocupaban. Era femenina y feminista sin pertenecer a asociación alguna que la pudiera definir como tal. Y ella buceaba con su pluma y su paleta -que en definitiva eran sus armas para enfrentar el mundo- con la absoluta tozudez de quien explora su universo interno, busca la luz, la verdad, el conocimiento y nombra su ser.

En su poema “De la inmortalidad y otras ansias” expresa: “Tiempo de decir/ para no morir/ vistiendo los atardeceres/ con los ropajes de la mies/ tiempo de encenderme en vaticinio de lámpara/ amaneciendo de nombres/ mis esquinas/ tender los ojos sobre el día/ y partir en los tallos de la lluvia/ fruteciendo/ en las voces de la gente/ plegarme en los dobleces del paisaje/ entornando mis párpados/ de siesta/ esconder entre noches/ el roce de mi aliento en otro aliento/ crecer en mí/ extendiéndome en mi sombra/ y simplemente/ dormirme entre mis sueños/ que así en la entraña de mi nombre/ nazca/ la dulzura del verbo/ que es tiempo de decir”.

Su poesía está signada por el uso de significativas imágenes visuales y auditivas donde predomina lo conceptual y el empleo de metáforas que tienen un predominio atribuido a la sensibilidad, a lo individual y concreto, sobre lo racional, universal y abstracto. Acompañaba, la mayoría de las veces, sus sentires y decires con ilustraciones propias y dibujos. “Afloramos inesperadamente/ a un mundo/ donde cada gesto es un esbozo/ del pensamiento original”.

Emplea imágenes sinestésicas y senestésicas que mezclan imágenes exteriores con imágenes interiores. La aliteración y la anáfora en su poética otorgan a los sonidos reiterados una fuerza emocional adicional y significativa. No hay rima en su poesía, lo que no quiere decir que esta ausencia atente contra el ritmo interior, que es el fundamento mismo de los versos y por ende del poema.

Abordó las temáticas relacionadas con el tiempo, la tierra, el hombre, la angustia, la muerte, la vida, la soledad y el ensimismamiento, en definitiva, La Condición Humana, categorías semánticas que se encuentran persistentemente en su obra poética.

Decía: “Tiempo destituido,/ ciñéndote están en abrazo desangrado/ hambres inmemoriales. Se me estiran las horas/ como alas en el viento,/ y un perezoso divagar/ horada planos de Tiempo”.

La angustia y la muerte aparecen asimismo de manera irremediable. En su poema “Razón de sinrazones” expresa: “Ambigua ocupación/ la que me ocupa/ de este lado del tiempo/ donde crece la piel en capas sucesivas de costumbre/ de angustias y crueldades/ de interrogantes amplios/… paréntesis/ … entre pequeña vida/ y pequeñas muertes/ que no consigue desplazarme/ hacia otro esquema que me exija/ despojarme/ de lo pérfido lo feo la buena intención/ y el lastre/ de una educación caparazoza/ y cubriforme/ que oculta en cada labio/ en cada fusil/ en cada sueño/ el suicidio nuestro de cada día/ tras cada niño herido/ cada ternura ignorada/ cada poco de amor enmudecido/ por esta indiferencia/ atamanos/ vendaojos/ y siempre/ tratando de aprisionar entre dos letras/ el egoísta pesar/ toda esta angustia mía/ que es el dolor de marginarme/ orillando los lagos de la sangre/ entregando los sueños sin combate/ siendo el gatillo siempre/ en la muerte/ de lo que más he amado”.

La preocupación por la soledad está presente desde sus primeros poemas y persiste a lo largo de toda su producción poética, en la que la riqueza y novedad del lenguaje sumadas a los recursos de estilo, se conjugan para provocar una honda emoción estética. “La soledad es algo sutil/…/ se pasea de la mano del tiempo/ enlazando horizontes vacíos/…/ … nos trepa arteramente/ desde el instante mismo de nacidos…/ Hoy poniéndome triste me despojo/ de los aturdidores ornamentos/ develando el triste pudor en un intento/ de asesinar la soledad que visto”.

Inauguración del Diálogo

Dolores Dellatorre

Entonces fue la soledad. Toda en él.

Y rezumó la angustia

emergiendo de su piel de estreno

como la transpiración de las hojas

bajo el sol.

Sus músculos tensaron la lejanía,

los ligamentos prestos para el salto

y se empinó como un álamo

descubriendo sus nervios

para empaparse de lágrimas inéditas.

Recorrió el camino de sus venas

gustando el desconocido sabor

de existir

mientras los latidos

retumbaban en el silencio de su

soledad.

Un súbito calor

se espiraló vertiginoso,

la lluvia estrenó la tierra

y el viento inició su murmullo

de siglos.

Los tendones se aflojaron

y los labios probaron los músculos

recién nacidos

iniciando la sonrisa.

Era la soledad. Toda en él,

hasta que se inauguró el diálogo.

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