viernes 12 de julio de 2024
Fundamentos por tenencia y distribución de material

Dolo demostrado: eliminó el video y luego pidió perdón

Además, el condenado había reconocido que el video –que contenía imágenes de abuso a una niña- era para otra persona.

“Perdón, me equivoqué, no era para este grupo”, con estas palabras Mauricio Robles reconoció lo que había hecho. A finales de mayo, la Cámara de Sentencia en lo Criminal de Segunda Nominación lo halló culpable por los delitos de “distribución de material de abuso y explotación sexual infantil calificada por ser cometido contra una víctima menor de 13 años” y “tenencia de imágenes de abuso y explotación sexual infantil calificada por ser las víctimas menores de 13 años” y se lo condenó a la pena de cinco años de prisión.

De acuerdo con la investigación, a mediados de enero del año pasado, el acusado, desde su teléfono celular, a través del servicio de mensajería Whatsapp, envió y distribuyó un video a un grupo. Este video contenía material de abuso y explotación sexual infantil. Al día siguiente, personal de la Unidad Judicial 7 llevó a cabo un procedimiento. En el marco de este despliegue se secuestraron dispositivos informáticos y un teléfono celular con memoria externa, entre otros elementos. Estos dispositivos contenían en su interior 97 archivos con contenidos de material de abuso y explotación sexual de niños, niñas y adolescentes. Desde entonces se encontraba privado de la libertad en el Servicio Penitenciario Provincial, en Capayán.

El Tribunal estuvo integrado por los jueces Luis Guillamondegui, Silvio Martoccia y Miguel Lozano Gilyam. La elaboración del voto estuvo a cargo de Guillamondegui.

“Él admitía que se había equivocado de grupo. Luego aclaró que no lo había querido enviar a ese grupo”, se remarcó. Según la declaración de una testigo, con la visualización del video se advertía que “evidentemente se trataba de una niña que estaba siendo abusada”.

“Robles fue quien envió a un grupo de WhatsApp, conformado por sus compañeros de carrera, un video que contenía actividades sexuales explícitas de una niña; representación que pudo ser visualizada por alguna de sus integrantes, a pesar de haber sido eliminado momentos después; demostrando su dolo de distribución. Al ser reprendido por la testigo y otra compañera en el chat aludido, fue llevándolo a pedir disculpas por su acción, tanto en el grupo como por mensaje privado a aquélla. En esa dirección, el postrero accionar desplegado por Robles no hace más que confirmar que conocía el contenido disvalioso del material que, además, quería entregarlo a otra u otras personas, tal como, finalmente, lo hizo”, se detalló.

El magistrado, en los fundamentos, destacó que si bien se equivocó de destinatario o destinatarios, “queda claro que su accionar, a todas luces, siempre estuvo impulsado por compartir tal material”. Además, consideró que “la inmediata eliminación de la evidencia incriminante, su ulterior -y repetido- pedido de disculpas y reconocimiento que el video era para otro grupo, no hace más que confirmar la exteriorización de su comportamiento doloso”.

Asimismo, puso énfasis en que el acusado tenía formación técnica, contaba con conocimientos informáticos y tecnológicos superiores a los de un simple usuario. Es decir, no podría desconocer el modo de como aquellos -muchos- archivos se almacenaron en la memoria de su teléfono celular, ni mucho menos su contenido. “Juegan en su contra la cantidad relevante de material disvalioso almacenado, su edad y grado de instrucción y con necesidades socioeconómicas básicas satisfechas”, se valoró.

Tiempos modernos

En párrafo aparte se destacó el tecnicismo utilizado por el magistrado en la elaboración de los fundamentos. “La acción típica consiste en distribuir, esto es, entregar, repartir o compartir, por cualquier medio, además de los tradicionales, los vinculados a las TIC, toda representación de un menor de dieciocho (18) años dedicado a actividades sexuales explícitas o toda representación de sus partes genitales con fines predominantemente sexuales. Esto es material de abuso y explotación sexual infantil; última leyenda que prefiero utilizar -en lugar de pornografía infantil- siguiendo los lineamientos de la Guía de Luxemburgo y recomendaciones internacionales, en procura de una mejor utilización del lenguaje. Al respecto, es pionera, en nuestro entorno, la Suprema Corte de Mendoza”, detalló. n

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