El ingreso de la Argentina a la alianza de los BRICS, que integra Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, generó entusiastas celebraciones de la misma magnitud que vehementes rechazos...
El ingreso de la Argentina a la alianza de los BRICS, que integra Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, generó entusiastas celebraciones de la misma magnitud que vehementes rechazos. Las discrepancias respecto de la conveniencia pone en evidencia la distancia que hay entre las fuerzas políticas con chances de ser gobierno respecto de la política de inserción internacional de la Argentina.
El oficialismo nacional festejó la aprobación del ingreso. Los dos dirigentes opositores con aspiraciones presidenciales, Javier Milei y Patricia Bullrich, lo rechazaron de plano y anticiparon que en caso de ganar las elecciones, desandarán el camino emprendido hace varios años y que culminó en estos días merced a intensas gestiones del presidente brasileño Lula da Silva.
Los argumentos a favor y en contra del ingreso al bloque de los BRICS están naturalmente teñidos de la ideología de las fuerzas políticas que analizan el tema. El gobierno nacional considera que a nuestro país le conviene alinearse con naciones que no integran el bloque de potencias occidentales y que por lo tanto tienen intereses comunes respecto del cambio de las reglas del juego de las relaciones internacionales, sobre todo en el contexto de las finanzas, que tienden siempre a favorecer a esas potencias en detrimento de los países con economías emergentes. La oposición, en cambio, considera que la política de alianzas correcta es el alineamiento con los países más desarrollados de occidente. Milei fue muy preciso: con Estados Unidos e Israel.
Hay, a favor del ingreso argentino a los BRICS, también fundamentos técnicos. Los países que integran el bloque representan el 24% del PBI global, lo cual representa una posibilidad concreta del aumento de las exportaciones nacionales y de inversiones de esos países. Desde esta perspectiva, provincias como Catamarca, cuyo principal destino exportador es China, podrían beneficiarse. Y nadie puede dudar del carácter de socio estratégico de Brasil respecto de la Argentina. Además, el país podría encontrar en el banco de los BRICS, que tiene como directora a Dilma Rousseff, una fuente de financiamiento alternativo al FMI.
Junto a Argentina ingresan al bloque otras naciones emergentes, como Irán, Arabia Saudita, Etiopía, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos. La presencia de Irán en este grupo es argumento para los que se oponen. Consideran que esta nación asiática impulsa acciones terroristas en occidente, como por ejemplo los atentados a la AMIA y la Embajada de Israel. Y señalan que China, Rusia y Arabia Saudita son regímenes autoritarios. De modo que en la postura de rechazo abundan los cuestionamientos políticos –que por supuesto son válidos en materia de estrategia geopolítica- por sobre los que sopesan eventuales beneficios económicos.
En un mundo donde gana terreno cada día más el multilateralismo es preciso abandonar posiciones fundamentalistas, dominadas por razones ideológicas y analizar exhaustivamente los caminos más convenientes para la inserción argentina en el contexto global. Las discrepancias actuales son síntomas claros de lo mucho que falta para que la dirigencia política argentina defina posiciones estratégicas en función de un debate profundo y no de prejuicios que demoran definiciones clave y urgentes y empujan a la Argentina a la deriva, geopolíticamente hablando.