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Editorial

Dilema del agua escasa

Uruguay vive horas dramáticas e impensadas para cualquier país, pero más para ese pequeño...
11 de julio de 2023 - 00:35

Uruguay vive horas dramáticas e impensadas para cualquier país, pero más para ese pequeño –desde el punto de vista de su superficie- país, que está situado sobre el acuífero Guaraní, el tercer reservorio de agua dulce más grande del mundo. Montevideo, su capital, se encuentra a días de quedarse sin agua potable. Sus habitantes consumen mayoritariamente agua embotellada, pero ya hay sectores de la población que consumen agua de mala calidad, con altos niveles de sodio y cloruro que duplican los recomendados por la Organización Mundial de Salud (OMS), y gusto salado porque en parte proviene del contaminado Río de la Plata.

Padece Uruguay, como padeció un importante sector de la Argentina en los últimos meses, una sequía histórica. Pero ese fenómeno no explica completamente la catastrófica situación. Científicos y organizaciones ambientalistas coinciden en que, además de las lluvias escasas, la carencia de agua dulce y potable es consecuencia del excesivo uso del líquido elemento por parte de las actividades agroindustriales y la falta de suficientes controles y de políticas públicas que cuiden el recurso. Un estudio contabiliza más de 400 desvíos de arroyos y ríos para abastecer los emprendimientos.

Entre los emprendimientos que más utilizan agua se encuentran las plantaciones de pino para abastecer de materia prima a las grandes empresas papeleras que operan en ese país, pero también las empresas agropecuarias y los extensos campos de soja.

También la falta de obras de envergadura es señalada por los expertos como causa de lo que sucede. Citan como ejemplo que desde 2016 estaba en marcha una nueva represa sobre el río Santa Lucía, ubicado al norte de la capital uruguaya, pero la iniciativa fue frenada cuando asumió el actual presidente, Luis Lacalle Pou, que impulsa políticas de recorte del gasto público.

La perspectiva de los científicos es cada vez más asumida por los ciudadanos uruguayos, que al principio de la crisis hídrica entendían que era la sequía la causante global del problema. Hoy hay sectores que protestan con el lema: “No es sequía, es saqueo”.

El problema uruguayo es también el de todos los países. También en Argentina hay advertencias por la utilización del agua en actividades productivas y la falta de controles. En Catamarca la discusión se centra en la actividad minera, la tradicional metalífera extractiva a cielo abierto y la más novedosa vinculada a la explotación del litio. Pero también la industria y la agricultura consumen grandes cantidades de agua.

La clave está en resolver la tensión existente entre la actividad productiva y el consumo de un bien muy escaso como el agua. El dilema debería dirimirse con un debate transparente entre todos los sectores involucrados, entre ellos las organizaciones ambientalistas y, sobre todo, con planificación y obras, de modo que pueda garantizarse que los emprendimientos mineros, agropecuarios, industriales, no hagan un uso excesivo del agua al punto de que se den situaciones extremas como las que hoy vive Uruguay.

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