domingo 25 de septiembre de 2022

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Editorial

Desafíos del medio siglo

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13 de septiembre de 2022 - 01:15

La UNCA tiene mucho para festejar, pero también grandes desafíos que enfrentar en una época que demanda de las universidades respuestas más amplias y variadas que las que existían hace medio siglo.

La inauguración de la Universidad Nacional, hace ya 50 años, integró a Catamarca a un esquema de producción y difusión del conocimiento con jerarquía académica, algo que había comenzado a configurarse décadas atrás con la creación del Instituto del Profesorado, pero que alcanzaba entonces, septiembre de 1972, una categoría institucional hasta entonces inexistente.

A lo largo de medio siglo la UNCA fue creciendo y arraigándose en la comunidad, mérito que le correspondió, como podrá entenderse, no solamente a los pioneros sino a los que asumieron luego, y a lo largo de las últimas décadas, la responsabilidad de conducir la institución en un marco de un cogobierno que involucra a todos los claustros.

El reconocimiento de este fructífero recorrido histórico no debe, sin embargo, ocultar errores, carencias y compromisos no asumidos debidamente, conjunto de falencias que operan como rémora que debe apartarse del camino emprendido.

La mentada inserción de la universidad en la comunidad catamarqueña es real y palpable, pero involucra sobre todo a los sectores medios y altos de la sociedad, y particularmente por la interacción académica que genera. El déficit puede hallarse en cierta insolvencia para asumir roles, que son claves en la universidad del siglo XXI, capaces de producir conocimiento nuevo a partir de la articulación entre el saber académico y el saber popular.

Los sectores populares –salvo excepciones que confirman la regla- siguen ausentes de la vida universitaria. No solamente porque, a pesar de la gratuidad de la enseñanza, no se incorporan masivamente a la vida universitaria, sino además porque el aporte de la institución a transformaciones sociales sigue siendo escaso.

Predomina todavía una concepción de la extensión reducida a la transferencia tecnológica o de ciertos conocimientos, proceso unidireccional en el cual la universidad asume un rol de transmisión de información sin la debida retroalimentación que enriquece, con lo cual se menoscaba la función educativa, que necesita de esa interacción, en la que todos enseñan y aprenden, para producir transformaciones virtuosas, tanto para la institución como para la comunidad en la que está inserta.

La UNCA, además, debe constituirse en un ámbito que pueda exhibir, por la jerarquía institucional que representa, prácticas políticas racionales, transparentes y orientadas al bien común y no al rédito sectorial. No es lo que sucede por lo general, como puede corroborarse a poco de conocer someramente cómo funcionan y cómo se organizan sus estructuras de poder.

A los festejos por el medio siglo de vida de la universidad catamarqueña, bien merecidos por cierto, deberían seguirle, como una manera de honrar la historia gestada hasta el momento, instancias de reflexión respecto de cómo subsanar los déficits y encauzarla definitivamente para que cumpla el rol democrático y transformador que espera de ella la sociedad. n

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