La obra reversión del Gasoducto Norte, una extensión del gasoducto “Néstor Kirchner” que beneficiará...
La obra reversión del Gasoducto Norte, una extensión del gasoducto “Néstor Kirchner” que beneficiará, cuando concluya, al centro y norte de la Argentina, sufre una demora que impedirá que esté inaugurada antes del invierno, que es cuando más se la necesita.
El gasoducto “Néstor Kirchner” tenía como objetivo que el país avance hacia la soberanía energética, esto es, lograr el autoabastecimiento, en este caso de gas natural, que evite importarlo y en consecuencia gastar divisas que son necesarias para el funcionamiento equilibrado de la economía. La mencionada obra, que distribuye el gas que se produce en Vaca Muerta, empezó a funcionar promediando el año pasado con buenos resultados financieros: logró, primero, reducir significativamente el déficit de la balanza comercial energética, y luego lograr superávit.
El Gasoducto Norte es una obra complementaria de la red troncal y habilitará, según remarca un informe de la empresa estatal ENARSA, el transporte de gas del yacimiento neuquino para abastecer a las industrias de Córdoba, Tucumán, La Rioja, Catamarca, Santiago del Estero, Salta y Jujuy, así como la conexión de hogares a las redes de gas natural y el desarrollo a escala de nuevas actividades fabriles, en especial la minería de litio. Pero, además, la obra proveería de energía eléctrica a todas estas provincias.
La obra iba a ser concluida en el primer semestre de este año, pero el arribo al gobierno de Javier Milei, que decidió paralizar toda la obra pública, puso en suspenso el proyecto. Finalmente, se decidió hacer una excepción y licitar la extensión. Sin embargo, ENARSA recién adjudicará esta semana la construcción del caño troncal La Carlota-Tío Pujio, luego de que el sábado aprobara las propuestas técnicas de las tres empresas constructoras que se presentaron. Por la demora, el gasoducto del norte recién estaría operable en septiembre, cuando la temporada fría haya pasado.
El problema es grave porque Argentina decidió, como el gasoducto iba a estar listo en mayo de este año aproximadamente, poner fin por anticipado al contrato por el que le compraba gas a Bolivia. Ese contrato entró en vigencia en 2006 y finalizaba originalmente en 2026, pero en 2022 ENARSA y YPFB (Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos) decidieron acortar el contrato, poniéndole punto final en julio de este año.
Si en julio no hay más gas boliviano y el de Vaca Muerta recién podría abastecer en septiembre con suerte, la única opción que quedaría sería, como ya se dijo en esta misma columna el año pasado, incrementar nuevamente la importación de gas, generando nuevamente un déficit en la balanza energética, lo que repercutiría también en el déficit fiscal global.
Tanto importar gas e incrementar el déficit como desabastecer de gas al norte del país en meses clave son dos malas noticias que podrían haberse evitado si se hubiesen respetado los plazos de ejecución de obras fijados cuando se decidió la rescisión del contrato con la petrolera estatal boliviana.