Peligrosos flagelos. El concejal Figueroa, al frente de la lucha contra la venta ambulante y la mendicidad.
Con el propósito de garantizar “la seguridad y tranquilidad” de los clientes en bares y comercios de la Capital, el concejal libertario Diego Figueroa propuso una ordenanza para “prohibir la interrupción de comensales” por parte de vendedores ambulantes y personas que soliciten limosna.
Entre las virtudes del proyecto, se destaca que pretende aplicarse la restricción en todo tipo de comercios gastronómicos, impone el deber de control a los responsables de los locales y establece que el incumplimiento podría derivar en multas o suspensiones.
Figueroa recordó que el Estado Municipal “debe preservar el orden y garantizar que los espacios de recreación sean seguros”, y destacó que el trasfondo de la iniciativa es combatir el trabajo infantil o en negro. “Donde hay un niño trabajando, hay un Estado ausente”, se condolió. En su empeño por disimular que ya existe una norma vigente sobre el tema, que es la que regula el Derecho de Admisión y Permanencia, Figueroa se empantana en varias contradicciones.
Para empezar, resulta absurdo que un libertario intente coartar la iniciativa privada de vendedores ambulantes y mendigos, sujetos que sin dudas han decidido sin ningún tipo de condicionamiento dedicarse a tan lucrativas actividades, de puro románticos que son. El asunto de la prohibición despierta otras dudas. Quedará prohibida la interrupción de comensales “por parte de vendedores ambulantes y personas que soliciten limosna”.
Dado que existe el derecho de admisión, los propietarios deciden libremente. Figueroa pretende imponerles una obligación. Dado que existe el derecho de admisión, los propietarios deciden libremente. Figueroa pretende imponerles una obligación.
¿Aplicará el mismo criterio si la interrupción es propiciada por un proveedor interesado en generar un acercamiento con un empresario al que casualmente encontró en un café? ¿Se inhabilitará a los fanáticos para pedir fotografías o autógrafos a personas destacadas de la cultura o el deporte? Si un emprendedor decide poner un bar temático en el que el tópico fuera el intercambio comercial con vendedores ambulantes ¿qué trámites deberá realizar para ser autorizado?
Todo esto, sin mencionar el eventual caso en el que el dueño de un restaurante no haya podido evitar el ingreso de un pordiosero a su comercio y tenga la mala fortuna de cruzarse a un inspector municipal poco piadoso, que inevitablemente deberá multarlo para no incurrir en el incumplimiento de sus deberes como funcionario.
El concejal que llegó con la promesa de eliminar trabas burocráticas y sacar el asfixiante pie del Estado de la espalda de los contribuyentes capitalinos, pretende ahora sumar más responsabilidades al propio Estado y también al contribuyente.
Otra pregunta válida en este debate es respecto del trasfondo que Figueroa mencionó del proyecto ¿Qué propuesta presentó para evitar que los niños trabajen? ¿Qué alternativa sugiere para el vendedor ambulante que molesta a los comensales y turistas?
Trascendieron otras propuestas que está analizando el equipo de Figueroa. Para mejorar el paisaje en las ochavas capitalinas, por ejemplo, propondrá prohibir la presencia de vendedores de pan casero en las esquinas, iniciativa que ya tiene bien avanzado el relevamiento de “panaderos y tortilleros blue” y el diseño de una aplicación para denunciar tamaños malhechores.
Las inquietudes del edil pueden parecer curiosas, ridículas o insensibles, pero en definitiva le proporcionan la publicidad que busca a todo trapo, sin advertir que una cosa es ser célebre y otra tristemente célebre. “Que hablen, bien o mal, pero que hablen”, reflexionará Figueroa, que está acostumbrado a habitar en las contradicciones. La más famosa: cuando era diputado provincial propuso declarar ciudadano ilustre al ‘Trader God’ Edgar Adhemar Bacchiani, para convertirse después en uno de sus más enconados querellantes.