El cierre de la fábrica TextilCom planteó grandes interrogantes en torno a la sustentabilidad de las industrias que se radicaron en Catamarca amparadas por las políticas promocionales de la Nación y la Provincia en la etapa libertaria.
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Cuentas pendientes
Los movimientos del Gobierno y la Unión Industrial apuntan a presentarlo como un caso aislado, pero en tal caso surgen otras preguntas, ya relacionadas con lo que hizo la empresa con los importantes beneficios que se le concedieron y el millonario crédito a tasa subsidiada que se le otorgó a través de CAPRESCA, adicional a otro que le había dado el Banco Nación.
Tras el fracaso de las tratativas para que la firma pague los sueldos de abril adeudados y las indemnizaciones en tiempo y forma, el Gobierno elevó el auxilio a los trabajadores despedidos de 100 mil a 200 mil pesos mensuales y anunció sanciones para la firma por transgresiones “en lo que se refiere a la falta de entrega de los certificados de servicios o de desvinculación de la relación laboral a requerimiento del trabajador y la violación de las normas relativas al monto, lugar, tiempo y modo del pago de las remuneraciones”. Mientras tanto, asegura que están avanzadas las gestiones con al menos dos inversores interesados en hacerse cargo de la fábrica y reactivarla.
“Hubo conversaciones con siete empresas, tenemos dos que siguen interesadas y podríamos llegar a buen puerto. No queremos generar falsas expectativas, por eso no adelantamos nada”, les dijo el ministro de Industria, Sebastián Caria, a los miembros de la comisión de Industria de la Cámara baja.
Por su parte, el titular del la Unión Industrial, Carlos Muia, fue duro con el propietario de la empresa, Carlos Vilariño, y consideró que “faltó control” de los organismos estatales. Para el representante de los industriales catamarqueños, los reclamos deben escalar hasta las marcas que contrataban los servicios de TextilCom.
“Las marcas eligieron a un gerenciador que no fue lo bueno que ellos deseaban, pero tienen que hacerse responsables. En su momento, cuando vinieron a inaugurar la fábrica, los dueños estaban. No puede haber 150 personas en la calle. Tendrán que elegir un nuevo gerenciador y dar la cara”, dijo.
Muia recordó que TextilCom “era un proyecto terciarizado” y que “trabaja para las marcas”.
“No es que las marcas tienen un problema de ventas, algunas incluso exportan”, advirtió.
“Uno se pregunta dónde están los controles de los organismos financieros que dieron créditos. Si a vos no te pagan la primera, la segunda, la octava cuota, se te tiene que encender alguna alarma. Algún problema de control hubo”, resaltó.
El de los controles sobre un emprendimiento favorecido por el Estado para menguar sus costos es un punto que permaneció hasta ahora en la nebulosa, tapado por la preocupación por los despedidos, pero comienza a ganar visibilidad.
TextilCom desembarcó en Catamarca y La Rioja en febrero de 2022, acogida a un régimen promocional cuyos alcances había ampliado el entonces ministro de Desarrollo Productivo de la Nación, Matías Kulfas. El sistema contemplaba bonificaciones de hasta el 80% de las contribuciones patronales y aportes personales y la incorporación de empleados con el programa Potenciar Trabajo. También se extendieron dos líneas de financiamiento complementarias a través del Fondo Nacional de Desarrollo Productivo (hasta $3.500 millones) y la Línea Desarrollo Federal para Inversiones en Catamarca (hasta $3.000 millones en tres tramos).
El Gobierno provincial facilitó a la empresa la recuperación del predio de la fábrica Yersiplast (textil que había cerrado en 2017) y financió los talleres de capacitaciones de los operarios y el personal jerárquico. Además, CAPRESCA le otorgó en septiembre de 2022 un crédito de 40 millones de pesos para ampliar la planta, que se sumó a otro de 80 millones del Banco Nación para adquirir maquinaria.
Al margen de que la fábrica se reactive, sería interesante saber en qué estado quedaron esas cuentas de TextilCom y, eventualmente, qué medidas se tomarán para ponerlas al día.