Hambre es un drama social que, a través de la gastronomía, refleja la dicotomía entre los ricos y las clases populares.
Hambre es un drama social que, a través de la gastronomía, refleja la dicotomía entre los ricos y las clases populares.
Esta producción tailandesa cuenta la historia de una joven y brillante cocinera que dirige el humilde restaurante de fideos de su familia, y que un día recibe una invitación para unirse a la industria de la alta cocina bajo la tutela de un famoso e infame chef.
Así, con claros elementos de crítica social, la cinta nos sumerge en los derroteros de la protagonista que, en busca de perfeccionar su talento culinario, se enfrenta no sólo a las exigencias de sus millonarios comensales sino al accionar dictatorial de su jefe en la cocina.
Como una especie de “Whiplash (2014) de la gastronomía”, la fortaleza de esta historia yace en cómo refleja las diferencias entre clases sociales a través la comida y cómo esta se consume.
Con una fotografía y un montaje exquisito, la cinta brilla en las escenas en las que el chef y nuestra protagonista están a cargo de la elaboración de los platos.
Haciendo una lectura más profunda de estas escenas, es notable el uso del lenguaje audiovisual para mostrar de forma ególatra, salvaje, despiadada y sangrienta los extravagantes platillos para los clientes millonarios; haciendo una clara alusión al “hambre” de poder y status social que posee esta clase social y su eterna disputa para conservarlos a toda costa.
Del lado contrario, el filme muestra a la comida popular estrechamente ligada a las tradiciones familiares, la nostalgia, la sencillez y la entrega al prójimo.
Como resultado, Hambre es un excelente drama con una contundente crítica social que habla del rol de la comida como símbolo de status social y motor aspiracional, en una sociedad marcada por el consumismo, la vanidad y las ínfulas de poder.
Lidia Coria
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