jueves 22 de septiembre de 2022

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Lo bueno, lo malo y lo feo

Cuando el peronismo huele sangre

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20 de septiembre de 2022 - 01:05

Señor Director:

Una cosa es solidarizarse con CFK y condenar todo acto de violencia, provenga de donde provenga, y otra muy distinta “’indultar” a la señora de las gravísimas acusaciones que pesan sobre ella en la causa Vialidad. Sin dudas, la clara estrategia del gobierno es confundir mediante el uso de la tan efectiva victimización.

La pregunta que uno debería hacerse es la siguiente: ¿a quién o a quiénes beneficia todo esto? Definitivamente no a la oposición. Querer que en este bendito país los corruptos alguna vez vayan presos y devuelvan lo robado, no te convierte en asesino ni instigador de nada.

Aquí tenemos una vicepresidente que acaba de ser acusada nada más y nada menos que de presidir una asociación ilícita que defraudó al Estado en casi 2.000 millones de dólares. Quedó sobradamente demostrado que Néstor era Lázaro y Lázaro era Cristina y Máximo.

La segunda estrategia del “operativo magnicidio” es presentar a Cristina como la nueva oposición, es decir totalmente enajenada del gobierno de Alberto Fernández, del cual es vicepresidente y presidente en los hechos.

Un gobierno virtualmente intervenido y sin rumbo que fracasó en todos los frentes. Recrear la mística del peronismo proscripto y de una Cristina víctima viene a ser la tabla salvavidas en medio del naufragio populista. Solo así se puede entender la sumisión de un peronismo genuflexo y agotado como modelo económico, político y social.

El dudoso atentado contra CFK, y más allá de que hasta ahora todo abona la teoría del loco suelto, ya envalentonó al kirchnerismo en el Congreso a presentar proyectos para combatir “los discursos de odio”, que según ellos los promueven miembros de la oposición, el periodismo y la justicia.

A nadie se le escapa que lo que buscan es aprobar leyes chavistas contra la libertad de prensa, el histórico enemigo del kirchnerismo.

Se olvidan que fueron precisamente ellos los que montaron la campaña de desprestigio de Nisman cuando todavía estaba tibio, los que llevaban niños a escupir periodistas en las plazas, los que hablaban de probar las pistolas Taser con Antonia, colgar a Macri en la plaza y hasta salir a quemar “los campos de los ricos”.

Tengo patente en la memoria al patotero secretario de Comercio Guillermo Moreno, quien se sentaba en la mesa de cualquier negociación no sin antes desenfundar su 9 milímetros sobre la mesa. No hace mucho, el amigo del Papa, Grabois habló de “los compañeros dispuestos a dejar la sangre en la calle”, al tiempo que el antisemita confeso Luis D’Elía (sí, el mismo que fue condenado por tomar una comisaría y el que salió a trompear gente en Plaza de Mayo durante la protesta del campo) proponía un corte de rutas por tiempo indeterminado hasta que renuncie la totalidad de la Corte Suprema de Justicia.

Como verán, los muchachos no se andan con vueltas cuando se trata de fogonear y ejercer todo tipo de violencia. Que ahora se presenten como los Gandhi de la política y te hablen de defender la democracia, suena a broma de mal gusto cuando ninguno, de Cristina para abajo, resiste un archivo.

Saben que es muy poco probable que puedan retener el gobierno en 2023 y como ya lo hizo Nerón quieren incendiar Roma.

Corrupción o justicia. Democracia Republicana con libertad de expresión o totalitarismo bolivariano. En palabras de Thomas Jefferson “El precio de la libertad es la eterna vigilancia”.

Prof. Adrián Brizuela

DNI 22.935.403

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