La mayoría de los gobiernos de los países de todo el mundo, no importa cuál sea su filiación...
La mayoría de los gobiernos de los países de todo el mundo, no importa cuál sea su filiación ideológica, enfrentan cuestionamientos de una ciudadanía disconforme con la situación socioeconómica. No es casual que en las democracias de occidente se verifiquen mayoría de triunfos opositores. Son pocos los gobiernos que son ratificados electoralmente.
Es que, sobre todo a partir de la pandemia, y luego con las secuelas que está dejando la guerra entre Rusia y Ucrania, la economía de muchos países ha sufrido procesos recesivos de los que le cuesta salir. Esta situación ha incrementado la desocupación y los niveles de pobreza e indigencia, revirtiendo una tendencia que se venía manifestando en las décadas anteriores de mejoras sociales, lentas pero continuas. Y además se ha producido un ensanchamiento de la brecha de ingresos y de riqueza: los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.
La información estadística clásica –que mide la evolución del PBI, las cuentas fiscales, la evolución de precios e ingresos, por ejemplo- corrobora el empeoramiento de los indicadores, pero también lo hacen las estadísticas construidas según métodos modernos, innovadores, como el Indicador de Desarrollo Humano (IDH), que es elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y que incorpora además dimensiones de tipo social, como la salud o la educación.
El IDH presenta tres dimensiones básicas: la salud, que se cuantifica a través de la esperanza de vida; la educación, mediante la tasa combinada de alfabetización y matriculación en enseñanza primaria, secundaria y terciaria; y el crecimiento económico, con el Producto Interno Bruto per cápita expresado en paridad del poder adquisitivo en dólares. A partir de esta construcción estadística, se confecciona un ranking de países que se agrupan en cuatro categorías de desarrollo humano: muy alto, alto, medio y bajo.
Según el último informe del PNUD, publicado en septiembre pero con datos recogidos el año pasado, revela la caída generalizada de estos indicadores. De todos modos, Argentina, junto con Panamá, Chile y Uruguay son los únicos países latinoamericanos que se mantienen en el grupo de “muy alto” desarrollo humano.
El trabajo, además, vincula estos resultados con la inestabilidad política que se advierte y alerta sobre los retrocesos democráticos que ocasiona: “Un gran número de personas se siente frustrado por sus sistemas políticos y aislado de ellos. Al contrario de lo que ocurría hace tan solo diez años, el retroceso democrático es la tendencia dominante en todos los países, a pesar incluso del amplio apoyo a la democracia en todo el mundo”.
La relación entre confianza política y bienestar económico obliga a las autoridades de los distintos gobiernos a pensar en estrategias de crecimiento económico cuyos beneficios no sean apropiados por unos pocos, sino con alcance generalizado. No solo porque es misión de cualquier gobernante mejorar la calidad de vida de la población en general, sino además porque de esa mejora depende la estabilidad de los sistemas políticos.n