Las dificultades en el desarrollo del lenguaje y el habla se convirtieron en un motivo frecuente de consulta de las familias, especialmente cuando los niños llegan a los 2, 3 y 4 años sin incorporar nuevas palabras o presentan un desarrollo que no muestra avances. La fonoaudióloga Marcela Issolio explicó que, frente a estas situaciones, no alcanza con observar solamente si el niño habla o no, sino que es necesario analizar de manera integral sus hábitos, su entorno y los vínculos familiares.
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Crecen las consultas por problemas en el lenguaje en niños de 2, 3 y 4 años
La fonoaudióloga Marcela Issolio señaló que el sueño, la alimentación, la falta de juego y el uso de dispositivos pueden influir en el desarrollo infantil. y pidió a las familias consultar a tiempo.
“Hay muchísimas consultas de papás que no saben qué pasa, pero primero tienen una dificultad de conexión con sus propios hijos. Hay una regla en común: les cuesta mucho jugar y entender que con un niño de 3 o 4 años hay que sentarse a jugar”, señaló la especialista.
Issolio explicó que en la consulta suele realizarse una evaluación que contempla distintos aspectos de la vida cotidiana del niño. Entre ellos aparecen el descanso, la alimentación, la estimulación, el juego y el contacto con las personas de su entorno.
Según detalló, uno de los primeros aspectos que observa es el sueño. “Se duermen los chicos muy tarde, niños de 3, 4 años, con una higiene de sueño tremenda, de las 2, 3, 4 de la mañana”, advirtió.
La especialista remarcó que el descanso es fundamental durante los primeros años de vida, cuando el cerebro atraviesa una etapa de intenso desarrollo. Por eso, consideró necesario que las familias revisen las rutinas nocturnas de los niños y eviten que permanezcan despiertos hasta altas horas.
La alimentación también forma parte de la evaluación. Issolio señaló que todavía recibe consultas de niños que mantienen la mamadera después de los 2 años y advirtió sobre el consumo elevado de azúcares y harinas refinadas y la escasa incorporación de frutas y verduras.
“Si mi microbiota está mal, mi cerebro va a estar mal”, sostuvo la fonoaudióloga, al explicar que la alimentación también puede repercutir en el bienestar general y en aspectos vinculados con el desarrollo.
En este sentido, remarcó que el trabajo del profesional no puede limitarse exclusivamente al problema puntual por el que llega la familia. “Como agentes de salud tenemos que hacer una unidad del paciente, entender por qué no está desarrollando las funciones esenciales, como por ejemplo el lenguaje y el habla”, explicó.
Respecto de los primeros indicadores del desarrollo del lenguaje, Issolia señaló que las primeras palabras suelen aparecer alrededor del año de vida, aunque existen variaciones entre los niños.
“Si nosotros vemos que nuestro hijo está estancado y que no produce nuevas palabras, hay que mirar el entorno: cómo está durmiendo, cómo se está alimentando, si lo estoy estimulando, si estoy jugando con él, si estoy hablando y enseñándole palabras nuevas”, sostuvo.
La fonoaudióloga también puso el foco en el uso de dispositivos electrónicos durante los primeros años. “Le estoy dando dispositivos móviles para que no moleste, no se aburra, y solapadamente le estoy haciendo que esa ansiedad subyacente se eleve cada vez más”, explicó.
En esa línea, consideró que el juego y la conversación cotidiana tienen un valor central para el desarrollo. “Tiene que ser un alivio compartir con un bebé, con un niño de 2 o 3 años”, afirmó. También destacó el valor de hablarles a los niños desde los primeros meses, contarles cuentos y generar momentos de intercambio. “Hablarle mucho al bebé y contarle cuentos estimula mucho. Es un gran estimulador”, remarcó.