sábado 18 de junio de 2022

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Editorial

Coyuntura paradójica

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3 de junio de 2022 - 01:00

Hay una serie de indicadores macroeconómicos en la Argentina que muestran avances sólidos y sostenidos: la actividad económica creció el año pasado respecto de 2020 un 10,3%, y 6,5% en el primer trimestre del año. Es decir, recuperó todo lo perdido en el primer año de la pandemia y siguió creciendo.

La industria mostró una evolución del 15,6% el año pasado y casi el 6% en el primer trimestre del año, logrando que la ocupación de la capacidad instalada sea del 67,1%, el más alto desde el 2015. También la actividad industrial tiene niveles más altos que en la prepandemia.

Las exportaciones crecieron un 28,5 en marzo respecto a igual mes de 2021, con subas en todos los rubros, con lo que se registró un nuevo máximo histórico para ese mes de US$ 7.352 millones. Las proyecciones indican que el 2022 será un año récord en este rubro.

La creación de empleo formal también evidencia un crecimiento importante. Por ejemplo, entre septiembre y marzo se crearon en el país 119.000 puestos de trabajo, lo que constituye el nivel de incremento en un semestre más importante de la última década.

Las jurisdicciones provinciales también mejoran sus finanzas por el aporte de fondos federales. Durante mayo pasado, las transferencias automáticas del Estado nacional a las provincias se incrementaron nominalmente un 87% respecto de mayo de 2021, casi 30 puntos porcentuales más que el ritmo inflacionario del último año.

Pese a estos buenos números macro, la pobreza no cede y se mantiene en torno al 40%, casi el mismo porcentaje que había cuando Mauricio Macri dejó su gobierno. El problema es que la inflación, que ya venía con cifras impactantes en los últimos cinco años, en los últimos meses ha trepado hasta niveles que no se daban desde hace muchos años. El 6,7% de marzo es el más alto de los últimos 20 años. En consecuencia, el aumento sostenido de los precios, impulsado por causas estructurales de la economía argentina y, desde marzo, por condicionamientos internacionales –aumento inédito del precio mundial de los alimentos y el combustible por la guerra entre Rusia y Ucrania-, erosiona notablemente el poder adquisitivo de los salarios.

Durante 2021 los trabajadores registrados obtuvieron incremento de sus haberes en un promedio general similar a la inflación anual y en 2022 las paritarias están cerrando en porcentajes parecidos a lo que será la inflación de todo el año. El problema son los trabajadores no registrados, en negro y precarizados, cuyos sueldos evolucionan muy por debajo de la inflación. Se está conformando, entonces, una brecha muy grande entre registrados y no registrados, siendo estos últimos los que, pese a contar con ingresos todos los meses, se hunden por debajo de la línea de la pobreza.

Los alentadores números macroeconómicos y la crítica situación económica de vastos sectores conviven, paradójicamente, en la actual coyuntura y revelan la impotencia del gobierno para trasladar recursos desde la cima a la base de la pirámide social.

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