En un encuentro convocado por la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión (RELE) de la Comisión Interamericana...
En un encuentro convocado por la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión (RELE) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, realizado en la ciudad guatemalteca de Quetzaltenango, el titular del organismo, Pedro Vaca Villarreal, analizó con preocupación las formas que adopta la conversación pública. Dijo que prevalece “una lógica de enemigo a combatir y derrotar para siempre que puede ser muy complicada y generar entornos de violencia”.
La reflexión aplica a la mayoría de los países de la actualidad, pero particularmente a la Argentina. El debate público, a través de los medios de comunicación o de las redes sociales, solo cumple una misión de consolidación de la democracia si es consecuente con valores que son inherentes a ella, como el pluralismo, el sano disenso, la tolerancia, el respeto por el pensamiento ajeno…
Este presupuesto muchas veces no se cumple. Se advierte, en consecuencia, la prevalencia de la intolerancia hacia las opiniones que no coinciden con la propia y de discursos agresivos cuando no de odio.
La situación se torna más grave cuando las posturas confrontativas en exceso se adoptan desde el poder político. Vaca Villarreal sostiene que “las voces del Estado no se pueden permitir ser el punto de inicio o generar un ambiente permisivo a las violencias”.
Desde la asunción del gobierno de Javier Milei la violencia en el debate público ha adquirido niveles inéditos en el período democrático abierto en 1983. Si el discurso agresivo se ejerce preferentemente desde el Estado empieza a registrarse una afectación del derecho a la libertad de expresión, que es inescindible de la democracia como forma de vida.
El relator de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos reconoce la emergencia. “Llevo tres años y medio como relator de Libertad de Expresión viendo los 35 Estados que monitorea la CIDH y no había recibido tantos reportes como desde diciembre del año pasado con respecto a Argentina -manifiesta-. Esto hay que ponerlo en perspectiva: la sociedad argentina ha sufrido en el pasado, no tan lejano, la dureza de la represión y del silenciamiento. Si uno ve a la Argentina en perspectiva regional, históricamente muestra tener un debate público vigoroso y desinhibido. Es un lugar donde las personas hablan duro desde distintas orillas del acontecer. Ahora hay un sacudón de los cimientos que soportaban a ese debate público donde claramente la voz oficial está siendo vista y está teniendo sus efectos”.
Resulta imprescindible reencauzar el debate público y hacerlo transitar por los carriles del pluralismo, el respeto, la tolerancia y el sano y enriquecedor disenso.
Esta transformación virtuosa, aunque es responsabilidad primaria de los que se encuentran en los sectores de mayor responsabilidad institucional, debe ser tarea de todos los ciudadanos.