Durante el último debate presidencial, el candidato por La Libertad Avanza, Javier Milei, señaló que, en caso de resultar electo, su gobierno no adherirá a la Agenda 2030. Lo hizo mientras señalaba que en el cambio climático que padece el planeta nada tiene que ver la acción humana, contradiciendo toda la evidencia científica acumulada en las últimas décadas.
La Agenda 2030, que según sostiene erróneamente Milei es producto del “marxismo cultural”, es en realidad un documento aprobado en la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible realizada en Nueva York en septiembre de 2015 por los Estados Nacionales miembros de la Organización de Naciones Unidas (ONU), entre ellos Argentina.
El documento contiene 17 Objetivos y 169 Metas que deberán ser cumplidos de aquí al 2030. Entre esos temas, que Milei señala un eventual gobierno suyo no considerará, se encuentran la erradicación del hambre; lograr la seguridad alimentaria; garantizar una vida sana y una educación de calidad; alcanzar la igualdad de género; asegurar el acceso al agua y la energía sustentable; promover el crecimiento económico sostenido; adoptar medidas urgentes contra el cambio climático; promover la paz; facilitar el acceso a la justicia y fortalecer una alianza mundial para el desarrollo sostenible.
El dirigente libertario ha manifestado su oposición también al Acuerdo de París, un tratado internacional suscripto en 2015 por 196 países, entre los que se cuenta Argentina, que tiene como objetivo limitar el calentamiento mundial a muy por debajo de 2, preferiblemente a 1,5 grados centígrados, en comparación con los niveles preindustriales.
Esa meta se basa en abundantes y bien fundamentados estudios científicos que vinculan directamente el calentamiento global con las emisiones de gases del efecto invernadero. En la actualidad, los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera son los más altos jamás registrados. El incremento de este gas se debe fundamentalmente a la quema de combustibles fósiles. Los gases mantienen el calor cerca de la superficie de la Tierra, en lugar de dejarlo escapar al espacio. Esta captura de calor se conoce precisamente como efecto invernadero.
El cambio climático también produce fenómenos meteorológicos extremos, cambios en las poblaciones y hábitats de la fauna y flora silvestres, la subida del mar, entre otros efectos largamente probados.
“Lo único que buscan esas políticas es recaudar fondos para financiar vagos, socialistas que escriben papers de cuarta”, dijo Milei durante el debate, en contra de lo que sostiene la comunidad científica internacional, sin distinciones ideológicas. La postura es preocupante no solo porque la ausencia de criterios de una futura política ambiental de un gobierno libertario sería perjudicial para la Argentina, sino además porque colocaría al país aislado en un contexto internacional que, con avances y retrocesos, aun con contradicciones entre lo que se proclama y lo que se hace, coincide en la necesidad de luchar contra el cambio climático producido por un modelo de producción que debe reconvertirse.n