viernes 25 de noviembre de 2022

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Editorial

Con el victimario en casa

En su edición de ayer, El Ancasti publicó dos noticias que dan cuenta de abusos infantiles...

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En su edición de ayer, El Ancasti publicó dos noticias que dan cuenta de abusos infantiles cuyos autores pertenecían al entorno afectivo de la víctima. Un hombre de 35 años fue condenado a 30 años de prisión por haber violado a su propia hija, a quien dejó embarazada cuando ella tenía 16 años. En el caso restante, ocurrido en Catamarca, otro sujeto fue condenado por agredir sexualmente a una niña. El victimario, en este caso, no era familiar directo, pero sí muy cercano afectivamente a la familia, al punto que merecía la confianza de los padres de la víctima, que consideraban al agresor “como un tío” de la nena.

Un altísimo porcentaje de los abusos sexuales en la infancia son cometidos por personas del círculo afectivo de la víctima. Un informe realizado el año pasado por el Ministerio Público Tutelar de la Ciudad de Buenos Aires indica que el 80% de los casos de maltrato hacia niñas, niños y adolescentes se llevan a cabo en contextos intrafamiliares o ámbitos de cercanía.

Durante mucho tiempo el maltrato físico o emocional que sufrían los niños era considerado un “asunto privado”, que se desarrollaba entre las cuatro paredes de la casa y concernía solo a la familia. En la actualidad hay mucha mayor conciencia de que es un problema social que debe denunciarse. Sin embargo, los investigadores de este tipo de hechos aseguran que en muchas ocasiones son los propios integrantes de las familias de las víctimas los que encubren las agresiones, incluso las sexuales. Lo hacen por reticencia a denunciar al abusador, que es también un ser querido, o porque descreen de lo que la niña, el niño o el adolescente cuenta, si es que se anima a hablar, considerando su situación de extrema vulnerabilidad. Denunciar a un padre, un tío, un hermano o un allegado cercano a la familia es muy difícil, pero si hay evidencias de que el maltrato o el abuso sexual existen, el paso debe darse.

Sea como fuere, si nadie en el ámbito afectivo denuncia lo que sucede, las situaciones abusivas pueden volverse cada vez más frecuentes, convirtiendo la vida de la víctima en un infierno del que no puede salir.

Una herramienta muy importante para revelar las situaciones de agresiones sexuales en la infancia la proporciona la Educación Sexual Integral (ESI). Cada vez son más los casos en los que las propias víctimas, a partir de la concientización respecto del derecho que tienen sobre su cuerpo, reconocen los ultrajes a los que son sometidas. Y, además, se animan a denunciarlos.

La ESI sirve también para que docentes y padres asuman la responsabilidad que tienen en poner en conocimiento de las autoridades las situaciones de abuso, de las que se enteran por lo que los propios chicos dicen o a través de señales que observan, como por ejemplo el cambio en sus comportamientos.

Los abusos intrafamiliares son un problema complejo, pero la cercanía entre la víctima y el victimario no puede de ninguna manera ser un obstáculo para denunciar los casos y abrir la puerta para que la Justicia investigue.

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